martes, 1 de agosto de 2017

¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!



¿Sí? Pues bien, se acabó. Ya estamos cerca, muy cerca, de poder gestar artificialmente. Tampoco tardaremos demasiado en preparar óvulos artificiales (o esperma, claro). Por fin nos libraremos del chantaje de la maternidad, entre otras cosas.

Para poder poner en marcha la historia, la humanidad, tuvimos que someterlas. Pero eso no nos libró de cargar con ellas. Han sido una piedra al cuello en esta larga travesía. Pero las trompetas que anuncian el fin del mundo para ellas empiezan a sonar. Por fin.

Las féminas quedarán definitivamente desahuciadas, sumergidas para siempre en sus brutales ciclos hormonales. Ya no dependeremos de ellas, no podrán parasitarnos más. Podremos incluso criarlas en granjas, como a corderos, para que cumplan la función propia de los animales de compañía, y poco más. O quizás se masculinicen, transformándose en una versión torpe y débil nosotros. Qué más da. Tal y como las conocemos, desaparecerán.

Esto es lo que siempre han temido. Que "eso" tan artificial, tan antinatural, tan ajeno a ellas, la tecnología, ese monstruo que no comprenden ni controlan, un día las devore. Es un miedo informe, difuso, indefinido. Pero poco a poco va tomando forma. No son los robots, la inteligencia artificial ni las bombas nucleares, no. Es esto. Acabará ocurriendo y ya estamos a las puertas. No podrán impedirlo.


sábado, 1 de julio de 2017

El Museo Whitney de Nueva York y el "arte" femenino, al descubierto

El nuevo Whitney de Renzo Piano.

El Museo Whitney de Nueva York ha inaugurado un nuevo edificio de Renzo Piano en el Meatpacking District de Nueva York, tras vender el edificio de Marcel Breuer, situado en Madison Avenue, al MET. Esta cosa de Renzo Piano es absurdamente retorcida y complicada, además de fea, pero por lo menos es un edificio más grande y luminoso que el más hermoso -en su estilo-, pero cavernoso, de Breuer. Y además, en un sitio de moda y rodeado de galerías de arte (aunque empiezan a huir de los altos alquileres de la zona). Qué más se puede pedir.

Kerstin Brätsch y Debo Eilers. Ahí queda eso.


El Museo Whitney contiene una excelente colección de pintura de Edward Hopper, y esta, además de la visita al edificio, es la única razón que se me ocurre para ir más de una vez. El resto de su colección permanente es en su mayor parte material de derribo, o así lo recordaba yo de los tiempos en el edificio Breuer. La sensación era de falta de originalidad, belleza, sentido, intención o la más mínima traza de talento. Un amontonamiento sin criterio de ocurrencias, con alguna excepción.

Con marco estaría peor. De una tal Shara Hughes.

En la nueva sede, mucho más grande como hemos dicho, todo ha ido a peor, por dos motivos. Primero, porque cabe más "arte", seleccionado con el mismo criterio de siempre, y colgado o desparramado por las grandes salas de paredes blancas sin contención ni mesura, elevando el nivel de la farsa a lo grotesco por pura acumulación.

Pero además, porque los responsables del museo ni siquiera han percibido la contradicción entre el objetivo de ofrecer un museo de arte de vanguardia y su sometimiento a la dictadura de lo políticamente correcto. En él, todo el arte es pretendidamente contestatario, crítico, subversivo... y progre, muy femenino y feminista. ¿Cómo se puede ser una cosa y la otra, un verdadero artista y una pedorra y hortera de campeonato? Pues los señores del Whitney no lo ven. Es más, parece ser que creen que una cosa implica la otra, de manera biunívoca, o eso pretenden vender. Porque de eso se trata al final: propaganda, y no precisamente barata.

Nueva York ha pasado de ser un centro de creación, o al menos de difusión, a la capital de la caspa. Mal gusto, mucho dinero y corrección política a mansalva. ¿Dónde han quedado las elites con gusto y comprometidas con la cultura y el arte, y algunas con las verdaderas vanguardias? ¿Dónde está el ojo crítico del coleccionista o comisario? Quedan los viejos museos de los antiguos mecenas, y el contraste de estos con el Whitney o el New Museum es bochornoso. Es verdad que queda poco del arte rompedor y vivo de décadas atrás, pero ¿no será porque incentivan la producción de basura que se acomoda a los febles criterios políticos de estos grandes centros propagandísticos? ¿Esperan quizás que la "producción" artística actual, bien dirigida, cobre valor dentro de unos años, de tanto exhibirlo en rutilantes cajas de bombones, como esta de Piano? ¿Creen estar incubando una futura Picassa? Pues van listos.

¡Cómo podía faltar! El coño, de Kaari Upson.

El arte debe ser siempre un estímulo sensitivo, en primera instancia, e intelectual después. No tiene nada que ver con los sentimientos, como insisten en defender los retrasados mentales, y sobre todo las retrasadas mentales. Darle un pincel a un niño, a un mono o a una mujer viene a ser casi lo mismo: una pérdida de lienzo y pintura. Pues bien, el Whitney es tan progre, es tan vanguardista, es tan transgresor, es tan tan, que ha decidido llenar sus salas con obras de mujeres en su reciente Biennal. Por todas partes. Hasta arriba. Los hombres artistas han pasado a ser la excepción, una rareza. Lo cool ahora es feminizar el arte.

El resultado queda a la vista. La dichosa Biennal del Whitney es una exhibición de mal gusto, incapacidad intelectual, falta de talento e histeria (gritar-llorar) sin precedentes, que yo recuerde. Todo es político, infantilmente político. Elemental, unidimensional, simple, repetitivo, machacón, carente de originalidad, pueril. Ocurrencias de preescolar. Pintura, vídeos, instalaciones, colgajos. No se salva casi nada. Hay más arte en las paredes de muchas calles que en todo este carísimo certamen.

No solo nos quieren hacer tragar esta porquería femenina por el hecho de ser femenina, sino que ya andan elaborando listas de obras de arte -estás sí- políticamente incorrectas, por machistas. Se trata de una sustitución en toda regla. Pretenden reescribir la historia. Esta vez, la historia del arte. Las féminas y sus lacayos no solo no generan civilización sino que la destruyen.



viernes, 2 de junio de 2017

Ellas confiesan XXVI: Yael Farache de nuevo, desmontando el feminismo




Nuestra querida Yael Farache (la simpática criatura sefardí, y por tanto compatriota, de la foto) publica en su blog otra entrada dedicada a su especie, titulada esta vez Por qué ya no soy feminista. Tuvimos ocasión de analizar una anterior, sobre el mismo tema, pero esta es mejor si cabe. No tiene desperdicio. Es, eso sí, una entrada muy larga. Vamos a resumirla un poco aquí, citándola extensamente, e iré dando mi opinión sobre el texto. Adelanto que estoy de acuerdo en todo, o casi todo. 

Para empezar, Farache asegura haber leído mucho sobre el feminismo, de feministas, y yo la creo, pero se declara no feminista, y por sus comentarios sobre el tema, yo diría que es antifeminista. El feminismo tiene diversos aspectos. Uno de ellos es el de tribu urbana, o red de influencias y relaciones, lobby, etc. Pero Farache se refiere, fundamentalmente, al movimiento filosófico que, entre otras cosas, pretende revisar la historia, como arma para la acción política, orientada básicamente a modificar el ordenamiento jurídico en beneficio de las féminas, o al menos de las iniciadas.

Vamos a centrarnos un poco porque cuando Farache se desata no hay quien le siga el ritmo. Quien desee leer todos los detalles puede ir a la entrada original en su blog. Cambiaré el orden de algunos párrafos y suprimiré algunas frases y reiteraciones, pero lo que sigue es un resumen ordenado de la perorata farachiana. Y aun así... aviso que va a ser largo.

Empecemos por esto:
"El hombre tiene una esencia que lo separa de los animales, de las plantas, y del resto de las cosas. Un hombre no es una lagartija porque cada uno tiene esencias diferentes. Todos los seres humanos independientemente de su sexo comparten una esencia humana que es la misma, pero un hombre y una mujer son, a su vez, dos seres diferenciados. Un hombre no podría ser una mujer, y viceversa, porque lo femenino y lo masculino son esencias distintas. Para muchos esta idea es obvia, pero hay personas que no lo tienen tan claro. Las feministas de plano la rechazan."
Bueno, "compartir una esencia humana" es mucho decir. Diferentes, ¿pero ambos igual de humanos? ¿Los dos semi-humanos? ¿El ser bihumano? Algunos podrían pensar, "sí, como los caballos, las ballenas". Pero el ser humano es un animal especial. Consciente de su esencia (¿son las mujeres conscientes de la suya?), creador de cultura, en que la vive (en la naturaleza solo se sobrevive). Pero sigamos con las confesiones de la desacomplejada Farache:
"Las diferencias esenciales entre hombres y mujeres tienen muchos niveles. Las más evidentes y difíciles de rebatir son las que se explican desde la ciencia: hay diferencias genéticas, hormonales, orgánicas, de competencias cerebrales y habilidades cognitivas." 
"[Las mujeres tienen] mayor destreza con el lenguaje. El cerebro masculino tiene superioridad frente al femenino en el área espacial, en las habilidades matemáticas y geométricas. En lo que respecta a las matemáticas, por ejemplo, el cerebro de una niña de 12 años se parece al cerebro de un niño de 8. De la misma manera, las áreas del cerebro que se encargan del lenguaje y de las actividades motrices finas (como la escritura) se desarrollan 6 años antes en las niñas. Las diferencias se reducen con el crecimiento pero las características únicas de cada uno se mantienen a lo largo de la vida. El cerebro masculino es más grande y contiene 6 veces más materia gris (la encargada de “pensar”) que el cerebro femenino. El cerebro femenino tiene 9 veces más materia blanca, que es la que conecta las áreas del cerebro, y el área frontal y temporal de la corteza femenina está mejor organizada y ocupa una mayor área que la masculina. Las diferencias son vastas y explican las diferencias de carácter y de comportamiento entre las personas de ambos sexos. Las mujeres utilizan el lenguaje más que los hombres, en especial para competir entre sí (...) [por los machos]. Cuando se trata de actividades que requieren habilidades espaciales, como encontrar una dirección, los hombres tienen ventaja sobre las mujeres. Las mujeres tienen que usar la corteza cerebral para ubicarse en el espacio, mientras que los hombres tienen un área del hipocampo dedicado a ello que no se activa en las mujeres. Los cuerpos de un hombre y de una mujer son dramáticamente distintos. Es natural dado que cada uno evolucionó para cumplir mejor con una serie de funciones determinadas (reproducción/supervivencia)."
Evidentemente, "las cualidades diferenciadas tienen una distribución normal", es decir, una distribución simétrica, con forma de campana, como tuvimos ocasión de ver cuando repasamos el tremendo artículo de Nyborg. Las diferencias en lo relativo a la distribución en la población del grado de una característica puede estar en la posición del centro de la campana (diferencia de medias), en la amplitud de la misma o en la altura de las colas. En lo relativo a la inteligencia la curva campaniforme de las xenomorfas tiene una media menor, con datos más agrupados en torno a la media y con colas más bajas. Pero sigamos con Farache:
"Las diferencias se pueden justificar desde la biología evolutiva. (...) La selección natural dotaría de características diferentes a cada sexo para que cada uno cumpliera con sus funciones de manera óptima. Si crees en la evolución has de creer en las diferencias sexuales. No puedes creer en una y no en la otra." 
Nuestra divertida opinadora no tiene suficiente con la biología, pues...
"... los argumentos filosóficos son fuertes también. Desde la antigüedad se conocía que la naturaleza del hombre y la mujer eran diferentes y complementarias. Aristóteles (...) consideraba que había una diferenciación notable entre los machos y las hembras de todas las especies animales. (...) Italo Calvino decía que toda buena historia tiene sólo dos posibles argumentos: la continuidad de la vida, o la inevitabilidad de la muerte. O, lo que es lo mismo, la comedia, o la tragedia. La mujer es la continuidad de la vida a través del sexo. El hombre es la inevitabilidad de la muerte a través de la guerra." 
Después de esta excursión filosófico-literaria Farache vuelve a la biología:
"No es extraña la idea de que los sexos son esencialmente distintos. Tiene un sentido práctico. Lo más natural es que haya todavía una división de trabajo anterior al Estado: (...) el trabajo de sobrevivir se hizo entre dos, entre el hombre y la mujer. Lo más lógico entonces es que las labores diarias se dividiesen entre los dos. No tendría sentido que ambos hicieran todo. Lo sensato es que cada uno se ocupase de unas tareas determinadas, dedicase a ellas todo su tiempo, y aprendiese a hacerlas lo mejor posible. Las mujeres respondieron a su naturaleza y se dedicaron al hogar y a los hijos. Los hombres se encargaron de buscar el sustento y defenderlas. La naturaleza del hombre y la naturaleza de la mujer son complementarias porque vivimos en pareja."
Entre observaciones aprovechables hay otras de lo más banales, así que entresacamos alguna que otra cosa valiosa, como esta pulla a las superwomen, mamás o no:
"Existen “Supermamás” que trabajan y crían a sus hijos, que lo hacen todo a la vez. Se puede debatir si lo hacen “todo a la vez” o no hacen “nada a la vez”. (...) Las mujeres pueden fingir o adoptar roles masculinos, pero un hombre jamás podrá adoptar el rol por excelencia femenino, un hombre no posee la capacidad anatómica para ello."
Como ven, obviedades, pero observen la palabra clave: las mujeres pueden fingir que adoptan roles masculinos. Eso hacen en la mayoría de los casos. Nada más.

Todo lo anterior va destinado a preparar el asalto al feminismo:
"Para el feminismo la única diferencia entre un hombre y una mujer es anatómica y más específicamente genital. Para el feminista medio existe un prototipo de “ser humano” básico al que, agregándole tal o cual genital se convierte en un hombre o en una mujer. De resto somos exactamente iguales porque según el feminismo tenemos idénticas capacidades, inclinaciones, y gustos. No lo digo a la ligera, aunque dos o tres feministas consideren que la diferencia entre los sexos es relevante, son consideradas por el resto de las feministas como disidentes porque su opinión va en contra del establishment feminista (tanto académico como activista)."
Ese es el "feminismo de la igualdad", según Farache. Hay excepciones. Parece ser que hay una corriente de "feministas de la diferencia", que de ser hombres serían calificados de machistas, como  Camille Paglia, (...) "que considera que el hombre y la mujer son diferentes aunque complementarios y que el patriarcado no solo es el orden natural de la sociedad, sino que debemos protegerlo". Pero estas "feministas" son rechazadas y combatidas por las feministas "auténticas".

Pero ahora viene otra carga de profundidad:
"El feminismo intenta en la medida de lo posible evitar el debate de las diferencias naturales porque saben que su postura es difícil de defender, pero si deben abordarlo buscan por todos los medios desacreditar a priori la idea de que pueden existir diferencias esenciales entre los sexos. Es importante para el feminismo acabar con este debate porque pone de manifiesto lo artificial de su teoría y de sus objetivos." 
Pero las diferencias son tan evidentes que las "feministas de la igualdad", las feminazis, no pueden negarlas totalmente:
"El feminismo explica el divorcio entre la realidad y su teoría utilizando la cultura. El feminista admite que las diferencias existen, pero discrepa en el origen de las diferencias. Niega que sean innatas o naturales. Cualquier diferencia entre hombres y mujeres no es el resultado de una inclinación natural, sino que es aprendido y por tanto artificioso. Su postura es que es la sociedad quien enseña a nuestros hijos a jugar como cowboys y a nuestras niñas a jugar como princesas, desde que nace hasta que muere una persona está manipulada por la sociedad para que actúe de acuerdo con su sexo. Entender este punto es muy importante porque este es el tema principal del feminismo: las diferencias entre los sexos no son naturales, son aprendidas, son producto de la cultura que educa a la gente para cumplir con ciertos roles que son artificiales."
Es más, "eso explica la razón por la que las feministas defienden con vehemencia los derechos de los transexuales. Basta con declarar que “te sientes mujer” o “te sientes hombre” ante un notario para cambiar tu sexo legal, (...) porque en esto consiste el sexo para el feminista: en una elección interior." Pero no se queda ahí la cosa:
"El segundo tema del feminismo es la idea de que las diferencias son perjudiciales. No puede ser de otra manera porque de acuerdo con el feminismo estas diferencias entre los sexos hacen que uno de ellos esté subordinado al otro. (...) Un hombre es más fuerte que una mujer y más agresivo, (...) y a través de la historia esa diferencia de fuerza entre sexos ha modelado la cultura."
Hay un tercer componente del "pensamiento" feminazi:
"El tercer punto del feminismo actual es el siguiente: no sólo las diferencias son artificiales y negativas [los dos puntos anteriores], además la cultura predominante educa a las personas de manera sexuada con un objetivo específico: el de perpetuar el sistema de opresión del hombre hacia la mujer. Es decir, que estas diferencias culturales entre los sexos se producen con alevosía y premeditación." 
Por tanto,
"La lucha del feminismo trata, por lo tanto, de hacer despertar a la gente para poder vencer estos 3 paradigmas y fundar una nueva cultura que no haga distinción entre los sexos. A esta cultura en la que se educa a la gente de manera sexuada para prolongar un estado opresivo en contra de la mujer lo llaman Patriarcado. El Patriarcado es como Matrix: nos rodea, estamos inmersos en él, pero no somos capaces de verlo de la misma manera en la que un pez no es capaz de ver el agua. El Patriarcado no solamente es el sistema en el que el hombre es quien ostenta el poder y la mujer está subordinada a él. El Patriarcado es también la cultura en la que el Patriarcado se apoya y todos los mecanismos que se utilizan para promover y perpetuar ese equilibrio. Pero el Patriarcado no solamente es responsable de la opresión histórica de la mujer, es también el origen de otros males como las guerras, la esclavitud, y el imperialismo, porque al educar al hombre para ser agresivo y darle a él las llaves del reino, él dirigirá a la sociedad hacia objetivos violentos."
"Bajo este punto de vista es fácil entender la cruzada de las feministas en contra de la feminidad. La feminidad no es otra cosa que la expresión del Patriarcado. La mujer femenina es el producto de una educación patriarcal y encarna en sí misma la continuidad de la opresión. La existencia misma de la mujer femenina es una traición. Lo mismo ocurre con la masculinidad. Cualquier hombre que se identifique con los roles tradicionales masculinos es un opresor. Por eso la baja tolerancia del feminismo hacia la mujer femenina."
De la teoría a la acción. Todo lo anterior explica la paranoia y actitud agresiva de las "feministas de la igualdad", las feminazis:
"Y desde luego, el feminismo es la píldora roja. Ser feminista sería como pasar a formar parte de un grupo de rebeldes, de una resistencia que es capaz de percibir lo que nadie más percibe, y por tanto de luchar en su contra. De pronto, detalles sobre los que jamás había reparado en el pasado saltan a la vista del feminista como claros actos de sexismo. El nivel de detalle en la búsqueda de sexismo al que puede llegar un feminista varía, pero a estas alturas casi todos aceptan el término “micro-agresiones” como válido. La micro-agresión es la discriminación involuntaria y casual de otra persona por su condición. Estas micro-agresiones son más peligrosas que los casos de sexismo directo porque son más difíciles de identificar y son parte del aparato de opresión."
"De acuerdo con la teoría feminista los mecanismos de subyugación se agrupan en torno a dos ejes: disparidad (empleos, salarios, derechos) y violencia (violaciones y violencia doméstica). Es imprescindible para el movimiento hacer promoción de estas situaciones porque su lucha se basa en la indignación. Por esa razón el feminista medio es tan propenso a la queja, porque no es una queja vacía, es una queja intencionada que busca llamar la atención sobre la existencia de este Patriarcado que no vemos, pero que según el feminismo, nos rodea."
"Lo diré de forma clara: la mayoría de los datos que ofrecen las feministas como argumento son fabricaciones. En cuanto a la disparidad, si estás familiarizado con el discurso feminista conoces la cifra de 70 céntimos por dólar “por hacer el mismo trabajo que un hombre”. En realidad la cifra de 70 céntimos corresponde a la diferencia entre el promedio de los sueldos de todos los hombres que trabajan a tiempo completo, y el promedio de los sueldos de todas las mujeres que también trabajan a tiempo completo. La razón de la diferencia es simple: las mujeres y los hombres toman diferentes decisiones. Las mujeres suelen elegir carreras que pagan menos como educación, enfermería, psicología y las humanidades, mientras que los hombres eligen carreras como ingeniería, ciencias, medicina, o desempeñan trabajos de mayor riesgo que tienen una mayor retribución. De la misma manera, las mujeres suelen dejar su trabajo cuando quedan embarazadas a razón de un año o más por hijo. Los hombres no suelen hacerlo. Cuando se controlan todas las variables la diferencia de sueldos desaparece por completo. Estas son decisiones que la gente ha tomado libremente. Se puede cuestionar si las mujeres que eligen estudiar enfermería lo hacen porque han sido “socializadas” para ello o porque su cerebro tiene ciertas competencias distintas a las del hombre. Pero a menos que el feminismo esté preparado para forzar a las mujeres a elegir carreras determinadas, la diferencia de sueldos seguirá existiendo mientras existan individuos con inquietudes diferentes." 
"Sobre la violencia, los datos son igual de fiables en casi todas sus reivindicaciones. Según el feminismo 1 de cada 3 mujeres sufrirá algún tipo de agresión sexual en su vida y 1 de cada 5 sufrirá una violación. Pero según el feminismo casi cualquier cosa se puede considerar una violación o agresión sexual. Lo mismo ocurre con la violencia doméstica. La cifra de 38% sale de un estudio del Departamento de Justicia. Pero la cifra se refiere a las mujeres que visitan salas de emergencia cada año por heridas de violencia. De esas, aproximadamente el 38% fueron atacadas por familiares que viven con ellas. Si hablamos de todas las mujeres que visitan las emergencias de las clínicas la cifra [de atacadas por familiares] no alcanza el 1%. (...) Las fabricaciones son frecuentes, persistentes, y son repetidas una y otra vez a sabiendas de que son falsas. Así que no se trata de un error sino de una estrategia."
"El fin último del feminismo es derrotar el Patriarcado. Los objetivos inmediatos (como las cuotas de trabajadoras en las empresas) no son otra cosa que un estado intermedio. Al final la idea es eliminar el Patriarcado y su cultura: sus valores, sus esquemas, sus instituciones; y suplantarlo con un sistema diferente que esté regido por la mujer. Es decir, suplantar el Patriarcado por un Matriarcado, (...) y esto daría lugar a una sociedad pacífica e igualitaria."
La opinión de Farache sobre ese veneno es la misma que se defiende en este blog, pero resulta impactante oírselo (leérselo) decir a una mujer:
"[El feminismo] no es otra cosa que un peligroso experimento social. Si en la historia escrita hubiese casos notables de matriarcados prósperos los conoceríamos, pero aunque cada civilización que ha existido en la historia de la humanidad ha sido patriarcal, no conocemos todavía la primera cultura matriarcal fuera de la anécdota. En resumen: los hombres crearon esta civilización. Como diría Camille Paglia: si las mujeres estuviéramos a cargo del devenir de la sociedad seguiríamos viviendo en chozas." 
Ni más ni menos.

Pero las feminazis, claro está, tratan de tapar (torpemente) todos los huecos. De ahí que hayan construido una prehistoria en la que las sociedades primitivas eran matriarcados, idea poética con la que ironizábamos aquí:
"De acuerdo con estas teorías de la historia, el Patriarcado no es el resultado de una inclinación natural humana, sino que ha sido construido por medio de la cultura porque los pueblos más antiguos de la humanidad, los de cazadores y recolectores, eran matriarcados. La conclusión aparente es que si el Patriarcado ha sido construido históricamente, también puede ser destruido históricamente."
Pero claro,
"Ninguna cultura ha conseguido subyugar u oprimir a una minoría sistemáticamente por tiempo prolongado. Si bien los ejemplos de opresión son múltiples, y atraviesan casi todas las culturas y las regiones, ninguno ha sido duradero. La gente se levanta, los regímenes caen, lo hemos visto a lo largo de toda la historia. (...) Sin embargo, según el feminismo, a la mujer, que no es una minoría sino que representa la mitad de la humanidad, se le ha tenido en estado de opresión durante toda la historia conocida, es decir, durante más de cinco mil años. Es cuando menos, una idea exótica." 
"Es posible probar la asimetría que existió a lo largo de siglos en el acceso al poder político entre hombres y mujeres, pero es mucho más complicado probar que las mujeres se encontraban oprimidas por ello. El argumento más manido quizás sea el que acusa a nuestra civilización de relegar a la mujer a las tareas domésticas, apartarla por fuerza de la vida pública y colectiva, prohibirle trabajar, el acceso a la educación, o ejercer labores intelectuales, y en cambio forzarla a tener hijos o a casarse por fuerza. Pero basta con leer las biografías de las madres del feminismo (como Mary Wollstonecraft) para darse cuenta de que estas ideas tienen poco fundamento (...) En Occidente, y dentro de ciertos parámetros, la mujer ha gozado de libertad para trazar su destino. El ser ama de casa, madre, o mujer de un hombre no ha sido impuesto sobre ella a la fuerza. Al menos no desde el Estado (como ocurre en los países islámicos). Ha sido siempre una elección privada."
Tiene gracia, porque a cuidar de los hijos y de la casa no se contrapone ir al Parlamento. Las mujeres que se dedicaban a las tareas del hogar tenían maridos que trabajaban como animales, para sustentar el hogar. Los hombres que iban a holgazanear al club tenían mujeres que no fregaban un plato ni llevaban a los nenes al cole.

El feminismo es por tanto una ideología, especialmente virulenta:
"Uno de los puntos más interesantes del conservadurismo es que descubrió una rotunda verdad: todas las ideologías son falsas. Una ideología es un sistema de ideas cerrado que pretende explicar la totalidad de la realidad de una manera sencilla. La ideología sostiene que su sistema de creencias es verdadero en cualquier circunstancia. Evidentemente, la realidad termina por contradecir el sistema. Las ideologías son incapaces de adaptarse porque no permiten ajustes. El creyente se encuentra en una encrucijada: si elige la realidad tiene que desechar su ideología. Así que muchas veces prefiere suprimir la realidad. La guerra de la ideología en contra de la realidad es total. Utiliza todo su poder, todas las armas que tenga a su alcance, para suprimir la realidad. Por lo general se traduce en culturas de lo “Políticamente Correcto” es decir, la ideología [determina qué] cosas son “correctas” o no, cosas que se pueden o no expresar dependiendo de si es conveniente para el sistema ideológico. Busca alterar el comportamiento de la gente: lo que dicen, lo que hacen, e incluso lo que piensan. Para eso es necesario alterar el lenguaje, porque quién contra el lenguaje controla el pensamiento. El lenguaje se utiliza como arma en contra de la realidad."
¿Cuál es el origen de la ideología feminista?
"El feminismo forma parte de un racimo de creencias que están inscritas dentro del marco del universalismo que si bien ha existido de una forma o de otra desde que existe el cristianismo, ha sido la “religión” predominante del pensamiento occidental desde hace al menos un par de siglos. Su principal creencia irracional es: “todos somos iguales”. Las creencias son importantes únicamente cuando se traducen en acciones. Las creencias irracionales no solo son de tipo religioso. Existen creencias irracionales en lo secular (“todos somos iguales”) que muchas veces desembocan en acciones. Dado que tenemos que compartir el mundo con un gran número de fanáticos, conviene entender que lo único que diferencia a una creencia religiosa de una secular es su origen. La religiosa tiene un origen paranormal, y la secular no. Pero aunque el origen sea diferente, eso no transforma sustancialmente la creencia."
"A lo que voy con esto es que contra el primer escenario tenemos una defensa: la secularización del Estado. Desde hace un par de siglos todas las democracias occidentales tienen como una de sus bases la separación entre el gobierno y la religión. (...) Sin embargo la cláusula de la secularización no es suficiente porque sólo abarca las religiones (creencias irracionales de origen paranormal). Las creencias irracionales de origen secular todavía pueden ser utilizadas para legislar, como ocurrió por ejemplo en la Alemania Nazi. No estamos protegidos contra las creencias irracionales de origen secular porque la diferencia que hacemos entre las creencias religiosas y las que no lo son es dramática [superflua] y nos dificulta entender lo parecidas que son."
A partir de aquí Farache identifica al marxismo como matriz del feminismo, la ideología-madre donde este nace. El marxismo pretende reconfigurar la sociedad y la economía de forma radical, e identifica a la familia como uno de los fundamentos de la sociedad que pretende destruir. El feminismo es su instrumento, o uno de ellos, especializado para ese fin.

El marxismo utiliza la universidad como "mecanismo propagador" de sus creencias irracionales, y la ha invadido e infectado por completo (eso dice Farache). Ese es el motivo por el cual la universidad ha sido fácil de colonizar por las feministas. También explica el íntimo matrimonio entre el feminismo radical y los partidos políticos de izquierda, trabazón más fuerte cuanto más disparatado es el partido, aunque esto lo digo yo. Pero da un paso más allá:
"En realidad las raíces del feminismo son las mismas que las del socialismo marxista y se encuentran en la Revolución Francesa. Todas las autoras del feminismo primigenio eran jacobinas, admiraban la Revolución Francesa, y adoraban a Rousseau (...). Se podría decir que tanto el feminismo como el marxismo parten del mismo germen que es la creencia en el buen salvaje de Rousseau. Aquella idea de que el hombre es bueno hasta que la sociedad lo corrompe. Por esta razón ambos movimientos son primitivistas: idealizan lo salvaje y desean regresar a ese estado. (...) Estas ideas son incompatibles con la civilización a la que pertenecemos, y en realidad con cualquier otra civilización."
La relación pegajosa de las izquierdas con "la cultura" viene de aquí, según Farache:
"Antonio Gramsci, un teórico comunista italiano, fue el primero en señalar que el poder en una sociedad no lo tiene quien controla el dinero, lo tiene quién controla la cultura. De acuerdo con Gramsci el fracaso de las revoluciones tuvo una causa clara: Europa no estaba preparada para ellas culturalmente. Para ello había que modificar la cultura desde las instituciones: el gobierno y sobre todo el sistema educativo y los medios de comunicación. Si los comunistas lograban controlar las instituciones culturales, lo demás caería por su propio peso. (...) El marxismo cultural debía hacerse desde una rebelión lingüística que revirtiera los significados de las palabras. De estas ideas surgieron las corrientes filosóficas que están en el corazón de lo que se imparte en las universidades a día de hoy: el estructuralismo y el deconstruccionismo."
Por ahí hay que atacar, por ahí se hace la Revolución. Se trata de pasar de la "lucha violenta de clases, a una lucha cultural". Ese es el camino: una "revolución cultural" a través del lenguaje (entre otras cosas). El feminismo no es más que una rama del marxismo cultural, dice Farache. Un brazo especializado dentro de una amplia estrategia subversiva.

A la terminología feminista, el nosotros y nosotras, ellos y ellas, y cosas parecidas, Farache lo llama femspeak, un "lenguaje ideológico" cuyo...
"... propósito es trazar límites claros dentro del idioma entre aquello que se puede expresar y aquello que no. Dentro de su ideología, femspeak no es un dialecto, es el lenguaje correcto. Es una corrección que se ha hecho a nuestro idioma que es “sexista”; ellos lo están arreglando. Es nuestro idioma y no el suyo el que tiene una finalidad política que es la de oprimir a la mujer y perpetuar el dominio del hombre sobre la humanidad. (...) Para el que tiene un poco de perspicacia es evidente que el problema del lenguaje feminista es político. Es la legitimación de una ofensiva que forma parte de una estrategia política más amplia. Dentro de esta estrategia cada vez que el pronombre masculino ha de ser purgado de los textos, cada vez que se ha de insertar la palabra “persona” como sufijo genérico, cada una de estas actividades constituye una victoria simbólica dentro de una lucha mayor."
"Si el feminismo no fuese prevalente nadie se tomaría sus quejas en serio, no pasarían de ser una fantasía inofensiva. Pero a medida que ganan espacios su censura se impone sobre libros de texto, manuales del gobierno, e incluso las leyes. Se planifican boycotts en contra de aquellos que utilizan el supuesto lenguaje sexista en los medios públicos. Y desde luego se abren puertas y espacios para las líderes feministas que imparten cursos en sintaxis no sexista y escriben los lineamientos que los editores deben seguir. Las feministas revisan las bibliotecas de los colegios, escrutinizan los programas de televisión con atención inquisidora, acosan a quienes no se plegan a sus ideas en las aulas y en los mítines políticos, reclutan a editores de texto y de periódicos y los ponen al servicio del “lenguaje correcto”. Los más ambiciosos invaden los jardines de infancia con una lista de tabúes idiomáticos que se ha de imponer a los niños, y reescriben los clásicos con su dialecto."
No está mal. Una aterradora confesión, en toda regla. Un "repaso" al feminismo impagable. Farache no decepciona.


lunes, 1 de mayo de 2017

Woody Allen about women: Maridos y Mujeres


Woody Allen es un tipo inteligente, y siéndolo, no se le ha podido escapar la verdadera naturaleza de las mujeres. Sin embargo, su filmografía se compone principalmente de comedias y dramas románticos. En ninguno de los dos tipos de películas podemos esperar ver aflorar una visión realista de las mujeres, o de cualquier otra cosa. La comedia contiene la sátira y la crítica, y el drama romántico un ungüento que calma el dolor y el desengaño de la vida con idealizaciones narcotizantes.

Aunque relativamente raras, hay algunas películas suyas de corte más realista, casi documentales (de las relaciones humanas). Una de estas, si no la más representativa, es Maridos y Mujeres (Husbands and Wives, 1993). Esta película contiene, como dijimos también de After Hours de Scorsese, un auténtico catálogo de monstruos, que completa nuestra tipología, nuestro bestiario particular. 

Para empezar, tenemos a la pasivo-agresiva (1):


Judy Roth (Mia Farrow, de la que ya hablamos aquí) es la típica pasivo-agresiva, como la define un ex-marido que es entrevistado sobre su relación con ella. No deja de pinchar, de quejarse, de presentarse como víctima, rehuyendo siempre la confrontación directa, negando la posibilidad de réplica, hasta que provoca una reacción violenta en su interlocutor, y entonces se echa a llorar. Con esta técnica típicamente femenina se desembaraza de su marido Gabe (Woody Allen), y también con ella caza a su tercer marido (que sepamos) Michael (Liam Neeson). Estos seres son terriblemente tóxicos, y te van envenenando poco a poco, robándote la energía y las ganas de vivir. En realidad, te moldean o, como hacen algunas arañas, te inmovilizan y te rodean con su tela para poder estrujarte y beber tu jugo después. 


Después tenemos al tipo que es la imagen invertida del anterior, la agresivo-agresiva (2):


Sally Simmons (Judy Davis) es amiga íntima de Judy, y es la no menos típica agresivo-agresiva. Agria, abrasiva, respondona, opinativa, llevando siempre el conflicto a terreno abierto, feliz en el barro de la pelea callejera, la provocación, el mal ambiente. Una joya, vamos. Otro disolvente poderoso que debe mantenerse fuera del alcance de los niños (y adultos).

El tercer tipo es la lolita eléctrica, que ya hemos tratado en este blog (3):


El personaje se llama Rain (Juliette Lewis), y encaja perfectamente con el patrón que analizamos con tanto mimo en una entrada anterior, y que hemos enlazado arriba. 

El cuarto y último tipo es la rubia tontita (4):


Sam (Lysette Anthony) es la típica cabeza de chorlito que cree en el horóscopo, en las pulseras magnéticas y en cosas así. Simple, encefalograma plano, buen tipo, no particularmente problemática, salvo porque esta clase de fémina suele ser parlanchina (cuanto más vacía tienen la cabeza, más hablan) y tiene menos profundidad que un plato. Puestos a elegir una, quizás esta sea la menos tóxica, aunque acaban hartando. El personaje Jack Simmons (Sidney Pollack) se relaja un poco con ella, pero acaba queriendo estrangularla. Y no es que ella haga nada demasiado grave, es solo que la estupidez inhumana de estas criaturas crea una sensación de desconcierto y rechazo difícil de describir, pero que quienes la han experimentado conocen bien.

Como ven, esta película es un acierto de casting en todos los papeles femeninos, porque las actrices parecen ser lo que representan en sus personajes, o casi. Estos cuatro tipos se encuentran en abundancia ahí fuera. Para un rato pueden estar bien, pero una convivencia con ellas (no digo toda la vida, que no hay quien lo aguante) puede dejarte en los huesos, o al borde un ataque de nervios. Ninguna de ellas parece poder vivir sola. Necesitan desesperadamente a los hombres, a los que usan, abusan y maltratan, a la vez que lloran y se quejan. Así que, ¡cuidado!

martes, 14 de marzo de 2017

domingo, 1 de enero de 2017

Ellas confiesan XXIV: Erin Pizzey



La humanista Erin Pizzey cuenta en un libro de reciente publicación, This Way to the Revolution – a Memoir, sus recuerdos sobre el origen de la revolución feminazi, que son aterradores. Puede leerse una entrevista con ella aquí. Extraemos algunas perlas:
Todo era culpa de los hombres, del poder que los hombres tienen sobre las mujeres. Y la segunda parte del argumento era que todas las mujeres son víctimas de la violencia de los hombres, que se debe al Patriarcado. Y eso es una patraña. Porque sabemos, y toda la gente de este mundillo lo sabe, que tanto el hombre como la mujer pueden ser violentos en una relación de pareja. Y eso se ha demostrado en absolutamente todos los estudios del mundo occidental. Todo este tiempo, 40 años, hemos vivido una gran mentira propagada por estas feministas, que básicamente han creado una enorme industria millonaria en todo el mundo
Tenemos que entender que no se puede culpar a los hombres de todo. Las mujeres tienen que mirarse a sí mismas y ser sinceras con su propia violencia.
De las primeras 100 mujeres que acudieron a mi refugio, el 60% eran tan violentas como los hombres a los que habían abandonado. O ellas eran las violentas y los hombres no.
La mayor parte de la violencia doméstica es consentida, mutua
Freud dijo hace mucho tiempo que llegaría un día en que todas las emociones se encontrasen en las sustancias químicas del cerebro, y tenía razón. Y por eso lo llamo adicción. Igual que un alcohólico con la botella, un drogadicto con la jeringuilla, y algunas personas con relaciones violentas. 
Para empezar, no está mal. Pero veamos algo más de este revelador intercambio de pareceres:
Dean: Afirmo que hay un problema grave con las mujeres violentas, y que tal vez en un 25% de las relaciones de violencia doméstica, la mujer es la predominantemente violenta, y probablemente en el 50% o más de los casos, ambas personas son violentas de una u otra forma. 
Erin: La mayor parte de la gente violenta no cree ser violenta, porque llevan viviendo con ello desde muy pequeños. (...) Las estadísticas británicas muestran que la violencia doméstica se reparte casi equitativamente entre hombres y mujeres. Betty Friedan se retractó de lo que había dicho y dijo “Pido disculpas. Como mujeres, hemos ido a por el hombre, nos hemos tirado a la yugular por cuestiones económicas, y no deberíamos haberlo hecho". Y recuerdo que la miré y pensé “Mira todo el daño que has hecho con lo que has dicho durante estos años”. Está muy bien que todas se retracten, pero el daño ya está hecho.
Dean: Pero me parece que la gente quiere ver a las mujeres exclusivamente como víctimas o como figuras angelicales. 
Erin: Eso les pasa a los hombres. Las mujeres sabemos que no es así. Nos conocemos. Y en privado te dirán lo que opinan realmente. Pero muchísimos hombres no quieren ni oír hablar de la existencia de mujeres violentas. Quieren mantener a las mujeres en un pedestal. Les hace sentir seguros. Estamos hablando de dinero, y eso no lo van a dejar pasar. Han construido un imperio muy poderoso a lo largo de cuarenta años. Y hay mujeres en puestos muy influyentes en Canadá, en Australia y aquí, porque en cierto momento la Fiscal General de este país fue una mujer, Harriet Harman, una mujer que ha provocado un daño inmenso. Y ha sido ministra de la Mujer. Nos dimos cuenta de lo terriblemente peligroso que es. Es como si en todo el gobierno y el sistema judicial se hubieran infiltrado feministas muy radicales, con el objetivo de ir a por los hombres. (...) Recuerdo que estaba trabajando con Anne en el Senado, entré en el ascensor y había un hombre encogido en una esquina del ascensor. Y cuando salí le pregunté a Anne a qué demonios venía aquello. Y me dijo “Los hombres tienen miedo. Sencillamente, no saben cuándo les van a acusar de acosar sexualmente a alguien”. Cuando las relaciones salen mal, probablemente lo más devastador que puede pasar es que la mujer suele quedarse con los niños, y el hombre se ve de repente expulsado de la familia. Y se le deja fuera. La ley lo deja fuera. Y creo que lo más trágico es que en este momento, nadie escucha.   Durante 40 años, han estado realizando paquetes educacionales que venden, ya sea a la policía o a los servicios sociales, y el mensaje es siempre el mismo: son los hombres, son los hombres, son los hombres. Es una mentira descomunal, sí. Y es una mentira que vale mucho, mucho, mucho la pena contar, porque se obtienen millones de ella. 

Erin: A veces [ella] ni siquiera tiene que esperar a provocarle hasta que pierda los estribos. Le basta con darse un cabezazo contra la pared y llamar a la policía. 
Dean: Eso que has dicho va a enfurecer a mucha gente. Acabas de insinuar que las mujeres se autolesionan intencionadamente. 
Erin: Y algunos hombres también. No se trata de algo exclusivo de las mujeres ni de los hombres; es lo que aprendes durante la infancia. Muchas de esas mujeres con las que trabajo tienen graves trastornos de la personalidad. Igual que los hombres. Y cualquier persona que se relacione con ellos, incluso por accidente, va a verse afectada… son un huracán. Una exhibicionista narcisista: una mujer a la que mira todo el mundo en una fiesta. Suele ir muy arreglada porque es una narcisista. Tiene un aspecto atractivo, y es muy cariñosa. Pero hasta que él no profundiza en la relación no se da cuenta de que no hay nada dentro de esa mujer. Lo que ha visto es… a la niña traumatizada que se oculta dentro de la mujer, y quiere ayudarla. Quiere defenderla y cuidarla, y se da cuenta de repente de que esa máscara de cordura… ve a través de ella, y ya es demasiado tarde. (...) Como mi madre: una exhibicionista narcisista. Son muy, muy peligrosas, y no tienen cura.

Dean: La gente parece tener miedo; parece tener miedo al movimiento feminista. ¿Crees que el movimiento feminista se puede reformar y convertirse en algo mejor, o es hora de…? 
Erin: No, creo que esta nueva generación, que ahora es veinteañera, ha sido testigo de gran parte del daño causado (y que ellos mismos han sufrido) en los hogares feministas. Y creo que llegarán a ser mucho más inclusivos. Y creo que en unos 20 años (no sé si seguiré con vida) veremos estos últimos 40 o 50 años como la edad oscura de las relaciones humanas. (...) Este movimiento feminista radical ha secuestrado al feminismo igualitario. Es básicamente un movimiento de odio. Odia con todas sus fuerzas a un gran grupo de personas y les desean el mal.
Dean: Yo creo que, al contrario de lo que dice el estereotipo, en realidad los hombres son criaturas bastante amables. 
Erin: Yo también lo creo, y también son mucho, mucho más simples que la mujer. Es mucho más fácil hablar con los hombres porque… los hombres (algunos hombres, debo decir) explotan de ira, ¿no? Eso lo puedo resolver. Las mujeres implosionan. Las mujeres se sientan en silencio y conspiran para conseguir lo que quieren. Eso es muy femenino: implosionar de rabia.

Tampoco tiene desperdicio este capítulo de su libro Women or men, who are the victims? ("¿Quiénes son las víctimas, los hombres o las mujeres", 2000). Dejo el enlace ahí para quienes quieran leer un poco más y tirar del hilo.


lunes, 12 de diciembre de 2016

Christina H. Sommers sobre el feminismo




Christina H. Sommers concedió una larga y jugosa entrevista al diario El Mundo, de la que se pueden extraer algunas perlas. Fundamentalmente habla del feminismo académico radical norteamericano, desde donde se bombea toda la porquería que inunda la academia y la política occidental. Lean, y pásmense. Algunos extractos:

El término [feminismo] se asocia ahora con el enfado, la falta de humor y el ánimo de venganza contra los hombres. Desgraciadamente, ese estilo de feminismo feroz es muy poderoso en los medios y en las universidades. 
Siempre ha habido cierta fobia a los hombres en algunas mujeres del movimiento, eso es innegable. La masculinidad se trata de manera rutinaria como una patología que necesita una cura. Casi todos los libros de los estudios de género culpan de la mayoría de los males de la sociedad a los hombres y al patriarcado.
Es una escuela de feminismo de línea dura que ve a las mujeres, incluso en Occidente, como cautivas de un sistema de injusticia y de opresión. Según esta teoría, cada logro humano en realidad lleva el sello del patriarcado: literatura, filosofía, ciencia, música o lenguaje. 
En EEUU, muchas mujeres de talento y privilegiadas creen ellas mismas que están siendo víctimas de una opresión sistemática. Y no lo son. Ven injusticias por todas partes. Si un conferenciante va a sus universidades y no está de acuerdo con sus queridas creencias, lo ven como violencia psíquica. 
La causa noble de la emancipación de la mujer se transformó en victimismo. ¿Cómo pasó? Le echo mucho la culpa a una mezcla desafortunada de teorías de la conspiración sobre un patriarcado fantasma y la propaganda. 
[Las feministas] advierten que si la mayoría no lo ve así es porque está escondido a la sociedad. El conocimiento dicen que se ha construido con las experiencias de los poderosos. Dicen que la idea de la objetividad basada en el conocimiento es una manera de pensar muy masculina y occidental... En las universidades se enseña una teoría de la conspiración, y si la cuestionas eres una opresora.
Ser víctima es el modo de tener autoridad moral. Es difícil mantener una discusión racional. He visto congresos acabar con rituales y cantos. O el bullying a hombres blancos, los opresores, en los campus. Estas "víctimas" tienen permiso para tratarles mal. 
Desde hace años, he mirado con cuidado estadísticas sobre mujeres y violencia, depresión, desórdenes alimenticios, igualdad salarial y educación. Lo que he encontrado es información engañosa. Por ejemplo, la desigualdad salarial. Sí, las mujeres ganan menos que los hombres pero es porque estudian distintas carreras, trabajan en distintos campos y menos horas. Cuando controlas todos estos factores, la diferencia casi desaparece. Pero eso no se dice en los libros de los estudios de género.
La vida moderna es una mezcla complicada de cargas y bendiciones, para cada sexo. Las mujeres es verdad que ganan menos y luchan con techos de cristal, pero los trabajos más penosos, más peligrosamente mortales, siguen siendo de los hombres. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

¿Violencia "Machista"?



Altamente recomendable esta entrada en el blog de Pablo Malo, psiquiatra. Cuestiona las barbaridades de la "ideología de género", especialmente en lo relativo al tema de la violencia "machista". 

Algunas perlas:
El término machista implica comprar el discurso feminista en este terreno. La ideología feminista da por hecho que todos los problemas que pueda tener un hombre con su mujer y que le puedan llevar a la violencia son porque su esposa es una mujer. Por principio es imposible, según esta ideología, que un marido tenga un problema con su esposa porque como persona ella está teniendo una conducta que le perjudica o que a él le parece mal. Para verlo claro supongamos que la pareja del hombre es otro hombre y veremos que la humillación o el sufrimiento del hombre sería el mismo, esto no tendría que ver con la condición de mujer de su pareja. Estoy argumentando que el odio contra una pareja o los impulsos violentos o agresivos pueden tener su origen en algo diferente al sexo de la pareja. 
Otra idea del discurso feminista es que la violencia sobre la mujer tiene un origen cultural en el supuesto patriarcado y que no es de origen biológico. Esto (...) no tiene base científica. Todas las conductas y rasgos psicológicos humanos tienen un componente biológico y una heredabilidad que se sitúa en el 50%, de media. Conductas equivalentes a estas conductas violentas que estamos comentando existen en animales inferiores y los celos o conductas como la llamada “mate guarding” (control de la pareja) ocurren en primates y otros animales menos complejos, todo ello muy anterior a ningún supuesto patriarcado. 
Desafortunadamente, la violencia doméstica en parejas del mismo sexo ocurre con una frecuencia similar a la violencia en parejas heterosexuales. Prácticamente no se reconoce el problema porque el discurso imperante es que sólo existe la violencia del hombre contra la mujer. 
 Lean en todo caso el original, que no tiene desperdicio.

martes, 1 de noviembre de 2016

Ellos las prefieren rubias...

Los dos gráficos que traigo aquí provienen de Dataclysm. En el primero se lista la edad de las mujeres (en rojo) que son preferidas por hombres cuya edad aparece en la columna de la izquierda, en negro. Es decir, que los hombres de 42 prefieren las de 20, y los de 50 las de 22. Hay tan poca variabilidad en las edades femeninas que podemos decir que los hombres en general se pirran por las veinteañeras, que están en sazón, con todos sus atributos en flor.


Pero el perfil de las preferencias cambia radicalmente cuando observamos lo contrario, es decir, la edad de los hombres que prefieren las mujeres cuyas edades se listan en la columna (en negro) de la izquierda. Ahora las mujeres prefieren hombres de edades similares a la suya, o un poco, pero solo un poco, por debajo de la suya. 



Mientras que los hombres están pensando en el sexo, y en restregarse contra lo más mullido que puedan encontrar, las mujeres parecen supeditar la cosa sexual a otros factores, probablemente relacionados con la disponibilidad de recursos, la posibilidad de atraparlos en una tela doméstica y la baja probabilidad de fugarse con otra.

Con razón dicen los árabes que las edades perfectas para una pareja son aquellas que siguen la siguiente regla: ella debe tener la mitad de la edad de él más siete. Por tanto, los dos solo deben tener la misma edad a los 14 años. Pero un hombre de 40 debería estar con una de 27, y uno de 50 con una de 32, etc. Tomen nota.

sábado, 1 de octubre de 2016

Las religiones solares, los hombres y la historia





Las religiones solares fueron un gran invento. Sirvieron para sojuzgar a las mujeres y poder arrancar el motor de la Historia. Antes, durante miles de años, se adoraba a diosas, a la fertilidad, al instinto, a la naturaleza, a la luna, a los ciclos mensuales y menstruales, a ellas en suma. Eran sociedades matriarcales en un sentido profundo. Los referentes y los símbolos eran femeninos. Sociedades sin historia, sin memoria, sin progreso. La eterna repetición de ciclos cortos, la sociedad es lo doméstico, la cueva, una guardería eterna, solo se sale ahí fuera para traer comida.


Pero en Egipto, hace algo más de 5.000 años, tuvieron la genial ocurrencia de crear un estado, y vincularlo permanentemente a la figura de un rey, que a su vez formaba parte periférica de una cosmogonía básicamente masculina y solar. En Heliópolis construyen un mito de la creación del mundo que supondrá una revolución histórica, en un doble sentido. No solo se hace historia, sino que se empieza a hacer la historia. El dios Ra crea el mundo masturbándose y eyaculando. Osiris es el primer rey de Egipto. El rey es Ra y es Osiris. Los obeliscos son un rayo de sol que desciende, pero también un símbolo fálico que se yergue. En el cielo hay ciclos presididos por las estrellas, soles lejanos, pero de escala mucho más amplia, que dejan espacio para la memoria histórica, de alcance más amplio, y totalmente desligados de los cortos ciclos lunares que las gobiernan a ellas.



Narmer y sus antecesores debieron luchar para unificar las dos tierras, pero lo que no se cuenta es la lucha interna, que sin duda debió ser terrible, para someterlas a ellas, y para crear ese mecanismo mágico y religioso que las atara y supeditara para siempre mediante símbolos. Así pudo el hombre liberarse de ellas y escapar de la cueva. La vida empezó a hacerse "ahí fuera", lejos de lo doméstico.  Y en la caza, la exploración y la guerra, que requieren liderazgo, la semilla del estado... y el arte, la ciencia, la historia, la razón.



Las religiones monoteístas, más plenamente masculinas y solares, dieron otra vuelta de tuerca al invento, y supusieron una aceleración histórica, pues en el politeísmo egipcio aún había sitio para lo femenino (siempre presente lo dual), la fertilidad (sociedades agrarias) y los ciclos naturales cortos (las inundaciones). En las religiones monoteístas nada de eso interesa. Solo está dios (padre) y sus mediadores los profetas (siempre hombres).

Pero esta victoria nuestra es reciente y precaria. Apenas 5.000 años, y con pasos atrás. Vivimos siempre bajo la amenaza de ser arrastrados por ellas de nuevo a la guardería, a la caverna, a la dictadura del instinto, de lo irracional, a una vida sin memoria ni propósito. 

¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!

¿Sí? Pues bien, se acabó. Ya estamos cerca, muy cerca, de poder gestar artificialmente . Tampoco tardaremos demasiado en preparar óvul...

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