lunes, 22 de junio de 2009

Alfonso Navalón...



Alfonso Navalón, el insigne crítico taurino, también las ha pasado canutas con las mujeres. Un par de escritos suyos sobre el comportamiento delictivo y desvergonzado de las féminas resultan enormemente ilustrativos del modelo general que se presenta en este blog.

El primero resulta simpático, pero sin mayores consecuencias. Navalón nos cuenta el zorrerío no sólo permitido, sino también promovido y aplaudido, que se ve por todas partes, incluso, o especialmente, allí donde un mínimo de dignidad y decoro exigiría un comportamiento más decente. El hombre encendió la tele y ¡zas! Se encontró con el panorama: todas sueltas, desparramadas, sin estabular, como una jauría de tigres que se hubiera escapado del circo... A las féminas de hoy no sólo se las deja sueltas: se las anima y recompensa.

En el segundo relato ya pasa a contar una experiencia personal. Aquí la cosa cambia. Ya hablamos de mujeres que han pasado por la fase "puta, y mi coño lo disfruta" y pasan a la de "cazadoras selectivas sin piedad" en busca de un macho al que domar y exprimir. Aquí también reciben el aplauso general, y ánimos. En este caso el exprimido fue él, Navalón en persona. Su ex-mujer le robó una curiosa colección de capotes. Las mujeres no sienten apego más que a lo que les sirve para adornarse, y malbaratan lo que no entienden, que es prácticamente todo.

Lo realmente gracioso de estas historias es que Navalón, tan despistado, como casi todos, y pródigo en aconsejar o criticar la conducta de los demás en lo que se refiere al trato con mujeres, censura seriamente a los puteros en la primera historia, cuando la moraleja de la segunda es que pagar, lo que se dice pagar, siempre acabas pagando, pero a las putas en metálico y una cantidad pactada de antemano. Las putas se alquilan, las demás se venden. ¿Pensaba Navalón que hay más de una forma de estar con una mujer?

martes, 16 de junio de 2009

La primera píldora contra la eyaculación precoz



Lo dicho, la primera píldora contra la eyaculación precoz. Priligy se llama la pildorita. Observen que a los hombres se les droga para que follen mejor, con viagras y la nueva, para que tengamos que esperarlas. Para ellas se podría comercializar una pastillita que les despierte la libido, y a nosotros una anticonceptiva, pero no. Pastillas anticonceptivas y abortivas para ellas sí.

El caso es que nos drogan para ponernos a su servicio, mientras que ellas se drogan para aumentar el control sobre "su herramienta". No inventan nada, pero consiguen que inventemos para ellas. La fregona, la lavadora, y ahora esto...

viernes, 12 de junio de 2009

Violencia de género II



Se veía venir. La han liado. En un artículo periodístico vemos cómo las terroristas feministas se han encontrado con la horma de sus zapatos. La Ley de Violencia de género considera como tal la agresión de un hombre a una mujer siempre que entre ambos exista o haya existido una relación. En ese caso el delito tiene una naturaleza especial y un castigo también especial. Si es ella la que agrede no estamos ante "violencia de género". Pero claro, ¿qué pasa si un hombre pega a otro, o una mujer a otra, en una pareja "gay"? En principio, no habría "violencia de género". Pero un juez ha decidido que sí, que en una pareja de lesbianas una, la agresora, puede asimilarse a un macho, machista, agresivo y agresor, y la otra a una hembra, femenina, pacifista y víctima... ¡y pam! Ley de violencia de género al canto, artículo 153.1 del código penal y ¡p'alante! A la lesbiana agresora le ha caído todo el peso de una Ley diseñada para la represión, doma y humillación de los hombres. Es gracioso que el motivo de la agresión fuera precisamente que la hembra-femenina pretendía exprimir como a un limón a la hembra-masculina, con motivo de una separación, como suelen hacer las mujeres con los hombres normalmente. Ahora están probando de su propia medicina.

Pero no acaba ahí la cosa. En la última página del mismo periódico leemos estupefactos que una "joven británica condenada a muerte en Laos por tráfico de drogas logra ser trasladada a Reino Unido al quedarse encinta de un hombre misterioso", donde quieren decir desconocido. Es decir, ellas usan el embarazo como un escudo para proteger su vida, con la misma frialdad que abortan cuando les conviene. Exigen, necesitan, control absoluto de su herramienta de trabajo, y vaya si lo consiguen. ¡Y cómo la usan!

lunes, 1 de junio de 2009

El señorito y el jamón



Contaba un día en su programa (siempre el mismo) el presunto periodista Jesús Quintero, no sé si en broma o en serio, que en su pueblo, en los años del hambre de postguerra, el señorito se iba a la plaza, donde se reunían los jornaleros en busca de trabajo, a comerse un jamón sentado en la fuente, a la vista de todos. Cuando acababa guardaba el jamón y el cuchillo y se marchaba.

¿Qué permitía a semejante bellaco actuar de esa forma? Obviamente, la expectativa de impunidad. Debía sentirse seguro, y bien seguro, el muy hijo de la gran...

De forma similar se comportan las mujeres. Superprotegidas, acorazadas, cuanto más seguras se sienten con más osadía se comportan: restriegan por la cara del hambriento la vianda, sin dejar que la pruebe. Allí donde la legislación que las protege es más descarnada y brutal, y donde las fuerzas del orden público (y púbico) son más decididas y efectivas, ellas enseñan más, con más descaro, se ofrecen dando todo tipo de facilidades (de mentira)... y el peligro es mucho mayor. Te van poniendo todos los semáforos en verde, para que aceleres, pero de repente, cuando vas a toda leche, puede cambiar el disco de color, y si te saltas uno rojo... desearás no haber nacido.

Los hombres tienen cerebros más grandes, y mayor inteligencia

Lo del título ya lo sabíamos, por el artículo de Helmuth Nyborg que comentamos aquí , y por el que fue perseguido con saña. Pero o...

Entradas populares