lunes, 28 de diciembre de 2009

Sobre gustos no hay nada escrito



Otro artículo tonto. Esta vez un psicólogo nos cuenta qué tipo de mujeres nos gustan, y la verdad es que no da una. Yo al menos las prefiero rubias, pelo corto, no muy altas, delgadas tirando a musculosas y el estilo, cuanto más inocente, mejor. Pero con lo contrario también me apaño. Eso sí, muy liberadas... sexualmente. ¿Quién necesita a un psicólogo?

jueves, 24 de diciembre de 2009

Con la Ley hemos topado...



Uno de los problemas de la legislación civil es que protege a las mujeres y sus intereses, identificándolos con los del hijo (o los hijos) y relegando al hombre al papel de mero proporcionador de recursos. Se rompe la relación, o el matrimonio, pero el núcleo se mantiene: un hombre esclavizado y chantajeado, sin derechos, supeditado y reducido a mero ganado productor. Eso mismo existe, sin quedar descarnado y a la vista de todos, en las parejas que no pasan por el juzgado.

Otro de los problemas es que cuando el país en cuestión es además un país de salvajes, como España, en el que la Ley no se cumple, donde todo es propaganda y pillaje, donde el victimismo es un negocio a todos los niveles, y vamos a no seguir, te pueden fastidiar mucho más de lo que establece la Ley. Por ejemplo, el caso de Lydia Bosch, ya tratado en este blog: esta individua acusa a su ex-marido de propasarse con una hija de ella (y una pareja anterior), como venganza, como chantaje, por celos, envidia, o cualquiera sabe. Un juez ha rechazado la calumnia de la susodicha, como señala una notica publicada, curiosamente, el mismo día que la que vamos a comentar más abajo. ¿Ha ido ella a la cárcel? No. Deberían quitarle automáticamente la custodia de cualquier hijo, por comportamiento peligroso propio de una psicópata. Por mucho menos él estaría picando piedras con un traje a rayas, o linchado en todos los canales de televisión, en programas basura.

Otro caso que acaba de saltar a los medios es el de una española que decide pasarse las leyes por el parrús, y secuestra a su hija del domicilio de su padre, con el que vive bajo su custodia. Porque yo lo valgo. Y si me dicen algo (que no es seguro), me voy a la tele, y además meto a mi ex marido en la cárcel acusándole de cualquier cosa (de hecho, lo intentó), ¿queda claro? Pues no, no queda claro. Resulta que la criminal en cuestión secuestró a su hija... de su casa en Estados Unidos. ¡Ah, Estados Unidos! Allí la ley se le aplica hasta al tato. El que la hace la paga.

Pues no va esta estúpida y se presenta ante los tribunales norteamericanos con sentencias judiciales aprobatorias de tribunales españoles... La madre tiene asuntos pendientes (al parecer económicos) que resolver, así que se planta allí para señalar con el dedo al padre y proceder al linchamiento. Pero claro, la detienen y procesan. El pato lo paga la pobre niña, pero el tribunal americano no se deja chantajear: "Usted debería pensar que en estas Navidades su hija no tendrá ni a una madre ni a un padre a los que abrazar, ni abrirá los regalos con ninguno de ustedes". La niña sigue en España, con cobertura legal española, pero según los tribunales norteamericanos, secuestrada.

Tendrá razón o no, pero eso lo deciden los tribunales. No pueden secuestrar, calumniar y robar impunemente. Y todo eso llorando. El salvajismo asilvestrado del ejemplar carpetovetónico no tiene parangón. Son la referencia.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Hacer caja con el cuento del victimismo



Este artículo es sencillamente increíble... Uno nunca se acostumbra a estas cosas.

Las mujeres, que acuden al trabajo con escote y minifalda, son "víctimas" (¡cómo no!) de conductas sexistas, y las pobres ni lo saben, de lo buenas que son. Según parece, "sólo un 3,4% de mujeres ha sentido en sus propias carnes –y lo ha reconocido- ese machismo". La autora (bueno, al menos cobradora) del "estudio" (titulado: El sexismo percibido como un determinante de salud en España) que ha permitido tal descubrimiento, una tal Carme Borrell, "experta de la Agencia de Salud Pública de Barcelona" (¡cuerpo a tierra!), no sale de su asombro. ¿Cómo es posible? La autora le ha dado vueltas al asunto, inasequible al desaliento, hasta descubrir la verdad:

“España todavía cuenta con derechos subordinados a los de los hombres heredados del Franquismo”

¡Toma ya! ¡Derechos subordinados! No será el Código Civil, ni el Penal, ni el Laboral... etc. La única discriminación en las leyes por razón de género ¡es contra los hombres!

El estudio de la tal Borrell, basado en los datos de la Encuesta Nacional de Salud de 2006, se planteaba como objetivo "analizar la relación entre discriminación a causa del sexo y la mala salud percibida por las mujeres afectadas y si a mayor proporción de sexismo aumentaban los indicadores de peor salud (lesiones físicas, salud mental, hipertensión, tabaquismo, salud percibida...)". Quieren explicar algo que no necesita explicación, porque la realidad indica precisamente que la esperanza de vida de las mujeres es claramente superior a la de los hombres. Pero si no se permite que un resultado estropee las conclusiones, ¿cómo va la cobradora a permitir que la realidad nos estropee el planteamiento inicial, que justifica el pago?

La propia cobradora pasa por un calvario de sobresaltos en el transcurso de su valiente investigación. Cuando busca demostrar que el paro afecta más a la salud de las mujeres casadas que a la de los hombres casados, se encuentra con que "entre las casadas el paro tiene un efecto menor [sobre la salud] en las mujeres".

La cobradora identifica la percepción subjetiva de una discriminación en algunas mujeres como "violencia", aunque objetivamente la única discriminación legal es hacia los hombres. Pues bien, esta "violencia" pasa a ser una variable del modelo.

Borrell reclama una "sensibilidad de género" en las políticas... sanitarias... para empezar. Si un determinado plan (acción, norma, política) no considera explícitamente el género, para dar un trato distinto (privilegiado) a las mujeres... ¡es un plan que discrimina a las mujeres, por tanto que las violenta! ¡Un plan machista!

El articulito nos trae a otra fémina de profundo pensamiento, una tal Maroto, que asegura que las diferencias entre hombres y mujeres son sólo de hormonas, que al parecer no tienen que ver con nada. Hay más mujeres que hombres estudiando en las universidades, pero no se dice cómo, qué, ni para qué. Quieren más puestos en las Reales Academias, aunque no se habla de criterios, ni de proporciones entre hombres y mujeres que cumplen esos criterios. En fin, lo de siempre.

El artículo baja un escalón más (¡otro!) con declaraciones de la periodista Pilar Cernuda, que aparece por aquí no se sabe a cuento de qué. Cernuda nos regala el producto de sus reflexiones sobre el tema (de la discriminación a las mujeres, suponemos). Dice, y se queda tan fresca, que la imagen de las mujeres en la publicidad es dañina para ellas, porque esas modelos que salen "no son reales" (más quisiera ella), y "generan demasiada frustración a las mujeres". Claro, para eso se dejan fotografiar en paños menores, no te fastidia: para cazar hombres y joder a las demás zorras. Y por la reacción de la Cernuda, se ve que funciona.

En el texto enlazado se va de la cara dura más onerosa al ridículo indigno más penoso. Un fiel retrato de las gangterisas que siembran el terror feminazi en nuestra sociedad actual.

Ellas confiesan XXVII: Suzanne Sadedin

Si los roles de género no son algo biológico, ¿cómo se explican los roles sexuales en los animales? Buena pregunta, que desmonta p...

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