viernes, 22 de octubre de 2010

Para las caídas, pomada



La historia tiene de interesante el método: dos hembras se pelean por un saco de recursos (un hombre), y una de ellas mata a la otra. Los tres practicaban el paracaidismo, y la asesina decide "cortarle las cuerdas" al paracaídas de la otra que, literalmente, se descoña. Vean el paracaídas saboteado, vean:



La saboteadora graba además a la otra en su caída, para mayor deleite. ¿Agravante? No, qué va, incluso le han considerado algunos atenuantes. Al parecer lo pasaba mal porque estaba gorda, la pobre.

¿Violencia de género? No, no señor. Violencia a palo seco.

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jueves, 21 de octubre de 2010

Celibidache sobre las mujeres (en las orquestas)



Es bien conocida la pelea de Celibidache con Abbie Conant, trombonista de la Filarmónica de Munich, que duró 12 años y que acabó en los tribunales (que le dieron la razón a ella). Su marido, William Osborne, publicó la versión de ella. Como ya tuvimos ocasión de analizar en una entrada anterior, son muy zorras, y acaban liándola allí donde meten los morros, sea una empresa o una orquesta.

Ciñéndonos a lo que cuenta Osborne/Conant, la trombonista fue seleccionada en 1980 por los miembros de la orquesta, de entre 32 candidatos, pero Celibidache se oponía. Al parecer no tenía entonces fuerza suficiente para vetarla. Tiempo después habría sido imposible que la contrataran con la opinión contraria del cascarrabias General Music Director.

Las mujeres son cosa poco frecuente en las orquestas europeas, al menos en las grandes, por motivos que pueden tener que ver con los apuntados en la otra entrada citada, o con las opiniones de Celibidache que veremos después. El caso es que:

Until recently though, European orchestras have been a male domain. The Vienna and Prague Philharmonics refuse membership to women.(5) The Berlin Philharmonic has three; the first entered the orchestra in 1983.(6) The Munich Philharmonic has 16 women out of 130 members; 12 of them play a relatively minor role in the tutti violins.(7) In America too, the situation, though better, is far from good.

Conant pasó su año de prueba. Después de eso Celibidache la quiso degradar a segundo trombón, de la posición de primer trombón que ocupaba. Ella se escuda en que no recibió críticas negativas, pero el caso es que el jefe no la quería. Al parecer Celibidache tampoco le dio explicaciones. El matrimonio alega que él insistía en que:

“You know the problem, we need a man for the solo trombone.”

El caso es que Osborne nos cuenta que Celi la quería echar a cualquier precio, especialmente después de empezar las vistas orales en los tribunales. Celibidache ya tenía poder entonces para echar al administrador de la orquesta, o para poner en jaque a las autoridades locales, simplemente amenazándoles con irse. Pedía más y más cosas, incluyendo pequeñas fruslerías como una nueva sala de conciertos. Pero la heroína Conant se le resistía heroicamente. Esa es la versión del matrimonio.

Así pues, Celibidache es presentado en el escrito de Obsorne/Conant como un machista enloquecido, pero bien mirado el rumano tiene toda la razón. Es fácil entender el cabreo que debió pillarse cuando un grupo de mamás de la orquesta le exigió vacaciones, bajas y descansos. Celi les contestó:

“If you wanted children you chose the wrong profession.”

Ser músico en una de las mejores orquestas del mundo con uno de los grandes directores del siglo no es un trabajo de administrativa en el Ayuntamiento. Y se quejan. ¿Qué se han creído? ¡Convierten todo lo que tocan en una guardería! ¿Es tan difícil de entender? Para las mujeres sí, desde luego. Para ellas todo consiste en desovar. Celibidache decía esto de quienes le criticaban (fundamentalmente ellas, claro):

“These people who daily poison everything, should take a pause or write about gynecology. In that area everyone has a little experience. But in music they are virgins. So they will remain, and so they will go into the other world, never fertilized by a single experienced tone.”

Se está a lo que se está, y no a otra cosa.

El caso de Celibidache y Conant explica muy bien por qué el artículo de Goldin y Rouse  ("Orchestrating Impartiality: the Impact of “Blind” Audition on Female Musicians", American Economic Review, 2000) está mal enfocado. En él se compara el éxito de las mujeres músicos que concursan a una plaza en una orquesta sinfónica cuando hacen la prueba detrás de una pantalla (sin conocerse su identidad) y cuando lo hacen abiertamente ante un jurado. Aunque la evidencia no es aplastante, las autoras parecen detectar un sesgo contra las mujeres en los procesos de selección de músicos. Pero en todo caso lo determinante para seleccionar a un músico no es sólo su capacidad en una prueba limitada en un momento determinado, sino sus posibilidades de evolución futura y su dedicación. Y claro, ahí está el problema que señalaba Celibidache.

Los hombres tienen cerebros más grandes, y mayor inteligencia

Lo del título ya lo sabíamos, por el artículo de Helmuth Nyborg que comentamos aquí , y por el que fue perseguido con saña. Pero o...

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