sábado, 23 de julio de 2011

Ponen en su sitio a Lydia Bosch


En una entrada anterior contábamos la brutalidad con la que la presunta actriz Lydia Bosch trató de chantajear a su ex-marido para desvalijarlo. El hombre ha tenido la sangre fría suficiente para soportar una larga guerra, y ahora ve por fin los frutos.

Fue acusado incluso de agresión sexual a una hija de una relación anterior de Bosch, que convivía con ellos, como represalia por negarse a firmar un acuerdo de divorcio expropiatorio. Los tribunales desestimaron la demanda de ella, pero a pesar de ello le dieron buena parte de lo que pedía en cuanto a manutención de los hijos, pensiones compensatorias y el régimen de visitas de los hijos que tienen en común. Algo parecido le ha ocurrido al pobre Espartaco, víctima de otra pija desvalida.

El hombre, Alberto Martín, perseveró y recurrió la primera sentencia de divorcio, y ahora ha visto por fin, y por primera vez tras una larga pesadilla, la luz al final del túnel. Los jueces de la Audiencia Provincial han desmontado las condiciones leoninas que el juez de primera instancia impuso al tal Martín, aceptando los argumentos (disparatados) de Bosch.

Recurriendo uno puede acabar anulando los disparates de cualquier juez, pero que éstos puedan producirse es ya suficiente para alarmarse. Si consideramos además lo lenta que es la justicia, y lo cara que puede ser... estamos vendidos. Esperemos que el Supremo vaya sentando una jurisprudencia que acabe con estas salvajadas. Esperemos también que la Bosch termine algún día en la cárcel, porque lo suyo es criminal.

Pd.- Al parecer los tribunales han cerrado ya definitivamente la puerta a los chantajes de la energúmena. La sentencia de la Audiencia Provincial no se puede recurrir y las condiciones que establecía, mucho más razonables para el ex-marido, se mantienen. Lydia, game over.

Los hombres tienen cerebros más grandes, y mayor inteligencia

Lo del título ya lo sabíamos, por el artículo de Helmuth Nyborg que comentamos aquí , y por el que fue perseguido con saña. Pero o...

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