sábado, 21 de abril de 2012

Hipogamia



Las mujeres se casan con hombres de menor estatus, cuando no hay otra cosa. El fenómeno recibe el nombre de hipogamia, un arte que nosotros hemos estado practicando durante milenios, pero que al parecer sólo es meritorio cuando lo hacen ellas.

El descubrimiento se adorna con los típicos comentarios que provocan vergüenza ajena: “Los hombres buscan mujeres del pasado. Las mujeres hombres del futuro”. Las mujeres siempre buscan a hombres del futuro (véase), de forma consciente o inconsciente. De hecho, la palabra porvenir es cien por cien femenina ("este hombre tiene un buen porvenir"). Porvenir: dícese del valor actualizado de las rentas futuras que un hombre puede generar. 

Echemos un vistazo al análisis para oxigenarnos un poco con la risa. Dice el lumbrera autor de las reflexiones (un tal Albert Esteve, que va a publicar el parto en el Population and Development Review):

"La hipergamia, la tendencia de las mujeres a casarse con hombres de mayor nivel educativo para escalar socialmente, está desapareciendo en las sociedades desarrolladas".

Pero no canten victoria todavía, que falta el resto:

"Aunque las mujeres quieran casarse hacia arriba [con parejas de mayor nivel formativo] no pueden (...) no quedan hombres que puedan corresponderlas. Las que pueden se casan con gente del mismo estatus, y las que no, lo hacen hacia abajo”.

Asombroso. Gracias Esteve. Has descubierto que ellas se ponen tetas, se gastan una fortuna en adornos y postizos, ayunan y van al gimnasio para subir en la lista y poder optar a un macho de más calidad mientras las otras se fastidian. Pero claro, no hay para todas. Si no hubiera variabilidad en la calidad de los machos no observaríamos esa competición.

Hipergamia es matrimoniar, como quien no quiere la cosa, con hombres de mayor estatus, medido este por el nivel educativo (una estupidez, dicho sea de paso). Homogamia es casarse con uno de tu nivel. Por cierto, eso de los niveles es algo también muy femenino. Los descubrimientos del pobre Esteve se deben a que el nivel educativo de las mujeres ha aumentado mucho en las últimas décadas. Eso es todo. 

Pero nuestro Esteve pretende sacar chicha de donde no la hay, y dice: “Las mujeres han aumentado sus expectativas ante el matrimonio. Ya no están dispuestas a casarse con cualquiera”. ¡Nunca lo estuvieron! ¡Qué tontería! Hoy pescan incautos en las universidades o en el centro de trabajo. El caladero al alcance de cualquiera de ellas ha aumentado su superficie. Antes todo estaba más compartimentado (y no solo para ellas). Nada más. Pero también hay más competencia, porque todas están en todas partes, y todas tienen acceso a los mismos aderezos. 

Las mujeres se quedan solteras no por lo que dice el tal Esteve, sino porque, simplemente, retrasan mucho la edad a la que deciden poner los huevos. Pero además, los cambios normativos les permiten saquear a un macho sin necesidad de estar casadas con él. Les es suficiente con tener un hijo, o casarse para separarse. La soltería ya no es un impedimento al cumplimiento de la misión que la madre naturaleza les ha encomendado. 

La paranoia feminazi va más allá: resulta que este cambio observado en los patrones matrimoniales de las féminas tiene una respuesta machista por parte de los hombres. Éstos, como no consiguen someter a la mujer a una vida doméstica tradicional (¿quién está sometido a quién?), se casan con extranjeras, los muy cerdos. ¿La verdad del asunto? Si uno quiere follar con alegría y reduciendo el riesgo de que te desvalijen lo mejor es irse al Caribe o a Asia, donde el precio del producto, a estos efectos, es muy inferior.

Como buenas monopolistas, las nacionales restringen la oferta y suben el precio. El consumidor sólo tiene la opción de no consumir, o de meterse en un avión y romper con la extorsión que esquilma sin piedad nuestro excedente del consumidor (los economistas saben de qué hablo). 

Los hombres tienen cerebros más grandes, y mayor inteligencia

Lo del título ya lo sabíamos, por el artículo de Helmuth Nyborg que comentamos aquí , y por el que fue perseguido con saña. Pero o...

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