jueves, 2 de agosto de 2012

Ellas confiesan XXII: Anne-Marie Slaughter



¿Quién es Anne-Marie Slaughter? Profesora en Princeton y ex-directora de planificación de políticas del Departamento de Estado norteamericano entre 2009 y 2011. Dejó su puesto para cuidar de su familia. Explica y confiesa el porqué de su elección en un largo artículo publicado en The Atlantic (Why Women Still Can't Have It All?).



Un calzonazos sin identificar presenta el caso de Slaughter en este artículo de The Economist (El País también tiene sus lametacones; vean si no este otro artículo). El autor dice estar cuidando a su hijo mientras su mujer está en viaje de negocios en Italia (iluso), y comenta la jugada desde la comprensión (da a entender).

Anne-Marie Slaughter reconoce que:
Cuando se les dice a las chicas jóvenes que sean ambiciosas y se les promete que pueden "tenerlo todo", se les está mintiendo.



Gran verdad.  Existe una gran restricción, como vengo contando en este blog:
"Las mujeres, mucho más que los hombres, tienen que elegir entre dedicarse a una carrera profesional exigente  o casarse y criar hijos."
Me temo que tanto para los hombres como para las mujeres la elección está hecha, y pensar que no es así puede llevarnos a cometer un error terrible que arruine nuestras vidas. En efecto:
"Ello se debe en parte a la biología del embarazo  y en parte a que, instintivamente, las mujeres dan una mayor prioridad que los hombres a las necesidades de los hijos. "
Esto es lo que explica, según Sheryl Sandberg, alta ejecutiva de Facebook, que "sólo el 13% de los parlamentarios o que sólo el 15% de los altos ejecutivos sean mujeres". Slaughter reconoce que... 
"Las mujeres no pueden resolver este problema implicándose más en sus carreras profesionales, programando sus vidas de forma óptima o encontrando la pareja perfecta."
Las feministas apuntaban que la "solución" pasaba por convertir a los hombres en mamás, para liberarse ellas (Badinter, Lessing), pero Slaughter piensa que la única posibilidad de que las mujeres puedan alcanzar la paridad pasa por reformar el trabajo por cuenta ajena:
"Hacer que las horas de trabajo coincidan con el horario de los colegios, dar el mismo reconocimiento a los empleados que crían niños que a los que corren una maratón [supongo que se refiere a esos eventos tontos que se organizan en las empresas] y rebajar la exigencia de presencia improductiva en la empresa."
Vamos, adaptar nuestro mundo a sus necesidades, lo de siempre. En este punto el autor del artículo de The Economist plantea la pregunta del millón (antes de cagarla respondiéndola):
"¿Por qué debería importarnos que sólo el 15% de los ejecutivos sean mujeres porque el sistema obliga a elegir entre la carrera profesional y la familia y ellas eligen la familia? Incluso si esa priorización de las necesidades de los hijos es innata en ellas, ¿cuál es el problema? Hay un montón de cualidades innatas que hacen muy improbable llegar a CEO de una empresa, como una excesiva empatía con los demás o ser bajito. No pedimos reorganizar la sociedad para que los bajitos estén proporcionalmente representados entre los CEOs de las empresas. Ciertamente, las mujeres no deberían estar discriminadas por sexo, y las que eligen dar prioridad a su carrera en perjuicio de la familia deberían poder competir en igualdad de condiciones con hombres que han hecho una elección similar. ¿Por qué deberíamos reordenar la sociedad para garantizar que un grupo de personas no tengan que enfrentarse a una elección determinada, sólo porque la naturaleza las ha predispuesto a ponderar las alternativas de forma diferente?"
El osado autor sin nombre se mete a dar una respuesta. Según él la cosa tiene que ver con el hecho de que hombres y mujeres no son grupos equiparables a los altos y los bajitos. Tanto hombres como mujeres son necesarios para la reproducción y la supervivencia de la especie. Lo ven venir, ¿verdad? Si a las mujeres no se les dan facilidades para tener una familia y una carrera, las dos cosas, la tasa de natalidad se hunde, como se ha observado en las "sexistas" sociedades del sur de Europa o de Japón (Norteamérica, el norte de Europa y especialmente Francia son ejemplos de lo contrario).

Ocurre, según el autor, que muchas mujeres, puestas a elegir, renuncian... a la familia, la población deja de crecer, envejece, el crecimiento económico se detiene y los sistemas de pensiones se hunden. Podría pagarse a las mujeres por tener hijos, pero el autor apunta a que experimentos (en Rusia) mostraron que la solución salía muy cara. Lo peor, y esto lo digo yo, es que pagarles por tener hijos haría explícito el precio del servicio, y una regla de oro femenina es mantener siempre ocultos los precios de sus servicios. Al final el innominado se entrega a la idea de Slaughter de adaptar el trabajo por cuenta ajena (¿y el trabajo por cuenta propia?) para que las mujeres puedan hacer las dos cosas, lo que sabemos que es imposible. Por tanto, privilegiar a las mujeres en el ámbito laboral, con la excusa de los hijos. Más aún. Como si no tuvieran ya bastantes privilegios. Eso es todo.


Los hombres tienen cerebros más grandes, y mayor inteligencia

Lo del título ya lo sabíamos, por el artículo de Helmuth Nyborg que comentamos aquí , y por el que fue perseguido con saña. Pero o...

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