sábado, 20 de febrero de 2016

Einstein about women






Einstein no pudo más, después de once años conviviendo con una mujer, Mileva Marić. En 1914 aceptó no separarse de su mujer, pero a cambio de que esta cumpliera con determinadas condiciones:


A. Las condiciones de nuestra separación serán estas: 1, lavarás, plancharás y ordenarás mi ropa; 2, me traerás la comida regularmente tres veces al día a mi habitación; 3, limpiarás mi cama y mi despacho y especialmente no tocarás nada de mi escritorio. B. Olvídate de mantener relaciones personales –excepto por razones sociales– incluyendo: 1, sentarte junto a mi en casa; 2, y viajar conmigo. C. Además obedecerás estas reglas: 1, no esperes relaciones íntimas ni me reproches nada al respecto; 2, te callarás si te pido que lo hagas; 3, y saldrás de mi estudio inmediatamente en cuanto yo te lo diga. D. Aparte de eso, no me menosprecies delante de los niños.


Ella aceptó las condiciones -Excusatio non petita, accusatio manifesta- pero no sirvió de mucho, porque pocos meses después se marchó a Zurich con los niños y en 1919 se divorciaron. Sin esta separación Einstein no habría podido hacer nada, seguramente.

La feminazis, y sus débiles sirvientes de pene pequeño, llevan tiempo insinuando que la tal Mileva es la autora real, o al menos coautora, de parte de los descubrimientos de Einstein. Pero claro, Einstein siguió siendo Einstein después de separarse de ella, mientras que ella sin Einstein fue la madre de sus hijos. 


El pobre Albert debió aguantar lo que no hay en los escritos. No es que las mujeres sean incivilizadas, y por tanto incapaces de entender, y no digamos de producir, ciencia o arte, sino que impiden su desarrollo si pueden, quemando la sesera de científicos y artistas a la menor oportunidad. En realidad, detectan y destruyen cualquier competencia, cualquier cosa que distraiga al hombre de ellas o de tareas productivas para ellas.

A quién no le ha pasado, que teniendo la mesa ordenada por capas -los libros o artículos que uno está leyendo arriba, abiertos por donde íbamos, el material que espera en la cola debajo- nos vemos asaltados por una fémina que considera el conjunto "desordenado", es decir, no bonito, y lo ordena, apilando los libros unos sobre otros, según tamaño o color. En realidad, han destruido el orden funcional que había, sustituyéndolo por otro totalmente inútil. No es de extrañar que estas criaturas jamás hayan creado nada, y no hayan destacado más que en farsas o fraudes. Imagino a Einstein desasistido, teniendo que bregar con mil problemas domésticos, mal alimentado, inseguro en todo lugar de su casa, incluido su escritorio de trabajo, invadido las veinticuatro horas del día por la presencia de la tal Mileva, que seguramente no paraba de hablar y de requerir atención hacia sus infinitas tonterías, acosado sexualmente, culpable y víctima de mil reproches, por una cosa y la contraria, sin poder refugiarse de la presencia inoportuna de ella, con su autoestima atacada de continuo, y destruida su imagen ante sus propios hijos. 

En realidad, esta criatura, y otras como ellas, deberían ser detenidas, procesadas y condenadas, no tanto por el daño que hacen a sus parejas y a sus hijos, sino por el daño que hacen a la ciencia, a la civilización, a la humanidad toda. Junto a ellas no hay vida humana posible. La naturaleza lo invade todo. 

lunes, 1 de febrero de 2016

Los hombres tienen cerebros más grandes, y mayor inteligencia

Lo del título ya lo sabíamos, por el artículo de Helmuth Nyborg que comentamos aquí , y por el que fue perseguido con saña. Pero o...

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