domingo, 1 de enero de 2017

Ellas confiesan XXIV: Erin Pizzey



La humanista Erin Pizzey cuenta en un libro de reciente publicación, This Way to the Revolution – a Memoir, sus recuerdos sobre el origen de la revolución feminazi, que son aterradores. Puede leerse una entrevista con ella aquí. Extraemos algunas perlas:
Todo era culpa de los hombres, del poder que los hombres tienen sobre las mujeres. Y la segunda parte del argumento era que todas las mujeres son víctimas de la violencia de los hombres, que se debe al Patriarcado. Y eso es una patraña. Porque sabemos, y toda la gente de este mundillo lo sabe, que tanto el hombre como la mujer pueden ser violentos en una relación de pareja. Y eso se ha demostrado en absolutamente todos los estudios del mundo occidental. Todo este tiempo, 40 años, hemos vivido una gran mentira propagada por estas feministas, que básicamente han creado una enorme industria millonaria en todo el mundo
Tenemos que entender que no se puede culpar a los hombres de todo. Las mujeres tienen que mirarse a sí mismas y ser sinceras con su propia violencia.
De las primeras 100 mujeres que acudieron a mi refugio, el 60% eran tan violentas como los hombres a los que habían abandonado. O ellas eran las violentas y los hombres no.
La mayor parte de la violencia doméstica es consentida, mutua
Freud dijo hace mucho tiempo que llegaría un día en que todas las emociones se encontrasen en las sustancias químicas del cerebro, y tenía razón. Y por eso lo llamo adicción. Igual que un alcohólico con la botella, un drogadicto con la jeringuilla, y algunas personas con relaciones violentas. 
Para empezar, no está mal. Pero veamos algo más de este revelador intercambio de pareceres:
Dean: Afirmo que hay un problema grave con las mujeres violentas, y que tal vez en un 25% de las relaciones de violencia doméstica, la mujer es la predominantemente violenta, y probablemente en el 50% o más de los casos, ambas personas son violentas de una u otra forma. 
Erin: La mayor parte de la gente violenta no cree ser violenta, porque llevan viviendo con ello desde muy pequeños. (...) Las estadísticas británicas muestran que la violencia doméstica se reparte casi equitativamente entre hombres y mujeres. Betty Friedan se retractó de lo que había dicho y dijo “Pido disculpas. Como mujeres, hemos ido a por el hombre, nos hemos tirado a la yugular por cuestiones económicas, y no deberíamos haberlo hecho". Y recuerdo que la miré y pensé “Mira todo el daño que has hecho con lo que has dicho durante estos años”. Está muy bien que todas se retracten, pero el daño ya está hecho.
Dean: Pero me parece que la gente quiere ver a las mujeres exclusivamente como víctimas o como figuras angelicales. 
Erin: Eso les pasa a los hombres. Las mujeres sabemos que no es así. Nos conocemos. Y en privado te dirán lo que opinan realmente. Pero muchísimos hombres no quieren ni oír hablar de la existencia de mujeres violentas. Quieren mantener a las mujeres en un pedestal. Les hace sentir seguros. Estamos hablando de dinero, y eso no lo van a dejar pasar. Han construido un imperio muy poderoso a lo largo de cuarenta años. Y hay mujeres en puestos muy influyentes en Canadá, en Australia y aquí, porque en cierto momento la Fiscal General de este país fue una mujer, Harriet Harman, una mujer que ha provocado un daño inmenso. Y ha sido ministra de la Mujer. Nos dimos cuenta de lo terriblemente peligroso que es. Es como si en todo el gobierno y el sistema judicial se hubieran infiltrado feministas muy radicales, con el objetivo de ir a por los hombres. (...) Recuerdo que estaba trabajando con Anne en el Senado, entré en el ascensor y había un hombre encogido en una esquina del ascensor. Y cuando salí le pregunté a Anne a qué demonios venía aquello. Y me dijo “Los hombres tienen miedo. Sencillamente, no saben cuándo les van a acusar de acosar sexualmente a alguien”. Cuando las relaciones salen mal, probablemente lo más devastador que puede pasar es que la mujer suele quedarse con los niños, y el hombre se ve de repente expulsado de la familia. Y se le deja fuera. La ley lo deja fuera. Y creo que lo más trágico es que en este momento, nadie escucha.   Durante 40 años, han estado realizando paquetes educacionales que venden, ya sea a la policía o a los servicios sociales, y el mensaje es siempre el mismo: son los hombres, son los hombres, son los hombres. Es una mentira descomunal, sí. Y es una mentira que vale mucho, mucho, mucho la pena contar, porque se obtienen millones de ella. 

Erin: A veces [ella] ni siquiera tiene que esperar a provocarle hasta que pierda los estribos. Le basta con darse un cabezazo contra la pared y llamar a la policía. 
Dean: Eso que has dicho va a enfurecer a mucha gente. Acabas de insinuar que las mujeres se autolesionan intencionadamente. 
Erin: Y algunos hombres también. No se trata de algo exclusivo de las mujeres ni de los hombres; es lo que aprendes durante la infancia. Muchas de esas mujeres con las que trabajo tienen graves trastornos de la personalidad. Igual que los hombres. Y cualquier persona que se relacione con ellos, incluso por accidente, va a verse afectada… son un huracán. Una exhibicionista narcisista: una mujer a la que mira todo el mundo en una fiesta. Suele ir muy arreglada porque es una narcisista. Tiene un aspecto atractivo, y es muy cariñosa. Pero hasta que él no profundiza en la relación no se da cuenta de que no hay nada dentro de esa mujer. Lo que ha visto es… a la niña traumatizada que se oculta dentro de la mujer, y quiere ayudarla. Quiere defenderla y cuidarla, y se da cuenta de repente de que esa máscara de cordura… ve a través de ella, y ya es demasiado tarde. (...) Como mi madre: una exhibicionista narcisista. Son muy, muy peligrosas, y no tienen cura.

Dean: La gente parece tener miedo; parece tener miedo al movimiento feminista. ¿Crees que el movimiento feminista se puede reformar y convertirse en algo mejor, o es hora de…? 
Erin: No, creo que esta nueva generación, que ahora es veinteañera, ha sido testigo de gran parte del daño causado (y que ellos mismos han sufrido) en los hogares feministas. Y creo que llegarán a ser mucho más inclusivos. Y creo que en unos 20 años (no sé si seguiré con vida) veremos estos últimos 40 o 50 años como la edad oscura de las relaciones humanas. (...) Este movimiento feminista radical ha secuestrado al feminismo igualitario. Es básicamente un movimiento de odio. Odia con todas sus fuerzas a un gran grupo de personas y les desean el mal.
Dean: Yo creo que, al contrario de lo que dice el estereotipo, en realidad los hombres son criaturas bastante amables. 
Erin: Yo también lo creo, y también son mucho, mucho más simples que la mujer. Es mucho más fácil hablar con los hombres porque… los hombres (algunos hombres, debo decir) explotan de ira, ¿no? Eso lo puedo resolver. Las mujeres implosionan. Las mujeres se sientan en silencio y conspiran para conseguir lo que quieren. Eso es muy femenino: implosionar de rabia.

Tampoco tiene desperdicio este capítulo de su libro Women or men, who are the victims? ("¿Quiénes son las víctimas, los hombres o las mujeres", 2000). Dejo el enlace ahí para quienes quieran leer un poco más y tirar del hilo.


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