lunes, 1 de mayo de 2017

Woody Allen about women: Maridos y Mujeres


Woody Allen es un tipo inteligente, y siéndolo, no se le ha podido escapar la verdadera naturaleza de las mujeres. Sin embargo, su filmografía se compone principalmente de comedias y dramas románticos. En ninguno de los dos tipos de películas podemos esperar ver aflorar una visión realista de las mujeres, o de cualquier otra cosa. La comedia contiene la sátira y la crítica, y el drama romántico un ungüento que calma el dolor y el desengaño de la vida con idealizaciones narcotizantes.

Aunque relativamente raras, hay algunas películas suyas de corte más realista, casi documentales (de las relaciones humanas). Una de estas, si no la más representativa, es Maridos y Mujeres (Husbands and Wives, 1993). Esta película contiene, como dijimos también de After Hours de Scorsese, un auténtico catálogo de monstruos, que completa nuestra tipología, nuestro bestiario particular. 

Para empezar, tenemos a la pasivo-agresiva (1):


Judy Roth (Mia Farrow, de la que ya hablamos aquí) es la típica pasivo-agresiva, como la define un ex-marido que es entrevistado sobre su relación con ella. No deja de pinchar, de quejarse, de presentarse como víctima, rehuyendo siempre la confrontación directa, negando la posibilidad de réplica, hasta que provoca una reacción violenta en su interlocutor, y entonces se echa a llorar. Con esta técnica típicamente femenina se desembaraza de su marido Gabe (Woody Allen), y también con ella caza a su tercer marido (que sepamos) Michael (Liam Neeson). Estos seres son terriblemente tóxicos, y te van envenenando poco a poco, robándote la energía y las ganas de vivir. En realidad, te moldean o, como hacen algunas arañas, te inmovilizan y te rodean con su tela para poder estrujarte y beber tu jugo después. 


Después tenemos al tipo que es la imagen invertida del anterior, la agresivo-agresiva (2):


Sally Simmons (Judy Davis) es amiga íntima de Judy, y es la no menos típica agresivo-agresiva. Agria, abrasiva, respondona, opinativa, llevando siempre el conflicto a terreno abierto, feliz en el barro de la pelea callejera, la provocación, el mal ambiente. Una joya, vamos. Otro disolvente poderoso que debe mantenerse fuera del alcance de los niños (y adultos).

El tercer tipo es la lolita eléctrica, que ya hemos tratado en este blog (3):


El personaje se llama Rain (Juliette Lewis), y encaja perfectamente con el patrón que analizamos con tanto mimo en una entrada anterior, y que hemos enlazado arriba. 

El cuarto y último tipo es la rubia tontita (4):


Sam (Lysette Anthony) es la típica cabeza de chorlito que cree en el horóscopo, en las pulseras magnéticas y en cosas así. Simple, encefalograma plano, buen tipo, no particularmente problemática, salvo porque esta clase de fémina suele ser parlanchina (cuanto más vacía tienen la cabeza, más hablan) y tiene menos profundidad que un plato. Puestos a elegir una, quizás esta sea la menos tóxica, aunque acaban hartando. El personaje Jack Simmons (Sidney Pollack) se relaja un poco con ella, pero acaba queriendo estrangularla. Y no es que ella haga nada demasiado grave, es solo que la estupidez inhumana de estas criaturas crea una sensación de desconcierto y rechazo difícil de describir, pero que quienes la han experimentado conocen bien.

Como ven, esta película es un acierto de casting en todos los papeles femeninos, porque las actrices parecen ser lo que representan en sus personajes, o casi. Estos cuatro tipos se encuentran en abundancia ahí fuera. Para un rato pueden estar bien, pero una convivencia con ellas (no digo toda la vida, que no hay quien lo aguante) puede dejarte en los huesos, o al borde un ataque de nervios. Ninguna de ellas parece poder vivir sola. Necesitan desesperadamente a los hombres, a los que usan, abusan y maltratan, a la vez que lloran y se quejan. Así que, ¡cuidado!

Los hombres tienen cerebros más grandes, y mayor inteligencia

Lo del título ya lo sabíamos, por el artículo de Helmuth Nyborg que comentamos aquí , y por el que fue perseguido con saña. Pero o...

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