viernes, 2 de junio de 2017

Ellas confiesan XXVI: Yael Farache de nuevo, desmontando el feminismo




Nuestra querida Yael Farache (la simpática criatura sefardí, y por tanto compatriota, de la foto) publica en su blog otra entrada dedicada a su especie, titulada esta vez Por qué ya no soy feminista. Tuvimos ocasión de analizar una anterior, sobre el mismo tema, pero esta es mejor si cabe. No tiene desperdicio. Es, eso sí, una entrada muy larga. Vamos a resumirla un poco aquí, citándola extensamente, e iré dando mi opinión sobre el texto. Adelanto que estoy de acuerdo en todo, o casi todo. 

Para empezar, Farache asegura haber leído mucho sobre el feminismo, de feministas, y yo la creo, pero se declara no feminista, y por sus comentarios sobre el tema, yo diría que es antifeminista. El feminismo tiene diversos aspectos. Uno de ellos es el de tribu urbana, o red de influencias y relaciones, lobby, etc. Pero Farache se refiere, fundamentalmente, al movimiento filosófico que, entre otras cosas, pretende revisar la historia, como arma para la acción política, orientada básicamente a modificar el ordenamiento jurídico en beneficio de las féminas, o al menos de las iniciadas.

Vamos a centrarnos un poco porque cuando Farache se desata no hay quien le siga el ritmo. Quien desee leer todos los detalles puede ir a la entrada original en su blog. Cambiaré el orden de algunos párrafos y suprimiré algunas frases y reiteraciones, pero lo que sigue es un resumen ordenado de la perorata farachiana. Y aun así... aviso que va a ser largo.

Empecemos por esto:
"El hombre tiene una esencia que lo separa de los animales, de las plantas, y del resto de las cosas. Un hombre no es una lagartija porque cada uno tiene esencias diferentes. Todos los seres humanos independientemente de su sexo comparten una esencia humana que es la misma, pero un hombre y una mujer son, a su vez, dos seres diferenciados. Un hombre no podría ser una mujer, y viceversa, porque lo femenino y lo masculino son esencias distintas. Para muchos esta idea es obvia, pero hay personas que no lo tienen tan claro. Las feministas de plano la rechazan."
Bueno, "compartir una esencia humana" es mucho decir. Diferentes, ¿pero ambos igual de humanos? ¿Los dos semi-humanos? ¿El ser bihumano? Algunos podrían pensar, "sí, como los caballos, las ballenas". Pero el ser humano es un animal especial. Consciente de su esencia (¿son las mujeres conscientes de la suya?), creador de cultura, en que la vive (en la naturaleza solo se sobrevive). Pero sigamos con las confesiones de la desacomplejada Farache:
"Las diferencias esenciales entre hombres y mujeres tienen muchos niveles. Las más evidentes y difíciles de rebatir son las que se explican desde la ciencia: hay diferencias genéticas, hormonales, orgánicas, de competencias cerebrales y habilidades cognitivas." 
"[Las mujeres tienen] mayor destreza con el lenguaje. El cerebro masculino tiene superioridad frente al femenino en el área espacial, en las habilidades matemáticas y geométricas. En lo que respecta a las matemáticas, por ejemplo, el cerebro de una niña de 12 años se parece al cerebro de un niño de 8. De la misma manera, las áreas del cerebro que se encargan del lenguaje y de las actividades motrices finas (como la escritura) se desarrollan 6 años antes en las niñas. Las diferencias se reducen con el crecimiento pero las características únicas de cada uno se mantienen a lo largo de la vida. El cerebro masculino es más grande y contiene 6 veces más materia gris (la encargada de “pensar”) que el cerebro femenino. El cerebro femenino tiene 9 veces más materia blanca, que es la que conecta las áreas del cerebro, y el área frontal y temporal de la corteza femenina está mejor organizada y ocupa una mayor área que la masculina. Las diferencias son vastas y explican las diferencias de carácter y de comportamiento entre las personas de ambos sexos. Las mujeres utilizan el lenguaje más que los hombres, en especial para competir entre sí (...) [por los machos]. Cuando se trata de actividades que requieren habilidades espaciales, como encontrar una dirección, los hombres tienen ventaja sobre las mujeres. Las mujeres tienen que usar la corteza cerebral para ubicarse en el espacio, mientras que los hombres tienen un área del hipocampo dedicado a ello que no se activa en las mujeres. Los cuerpos de un hombre y de una mujer son dramáticamente distintos. Es natural dado que cada uno evolucionó para cumplir mejor con una serie de funciones determinadas (reproducción/supervivencia)."
Evidentemente, "las cualidades diferenciadas tienen una distribución normal", es decir, una distribución simétrica, con forma de campana, como tuvimos ocasión de ver cuando repasamos el tremendo artículo de Nyborg. Las diferencias en lo relativo a la distribución en la población del grado de una característica puede estar en la posición del centro de la campana (diferencia de medias), en la amplitud de la misma o en la altura de las colas. En lo relativo a la inteligencia la curva campaniforme de las xenomorfas tiene una media menor, con datos más agrupados en torno a la media y con colas más bajas. Pero sigamos con Farache:
"Las diferencias se pueden justificar desde la biología evolutiva. (...) La selección natural dotaría de características diferentes a cada sexo para que cada uno cumpliera con sus funciones de manera óptima. Si crees en la evolución has de creer en las diferencias sexuales. No puedes creer en una y no en la otra." 
Nuestra divertida opinadora no tiene suficiente con la biología, pues...
"... los argumentos filosóficos son fuertes también. Desde la antigüedad se conocía que la naturaleza del hombre y la mujer eran diferentes y complementarias. Aristóteles (...) consideraba que había una diferenciación notable entre los machos y las hembras de todas las especies animales. (...) Italo Calvino decía que toda buena historia tiene sólo dos posibles argumentos: la continuidad de la vida, o la inevitabilidad de la muerte. O, lo que es lo mismo, la comedia, o la tragedia. La mujer es la continuidad de la vida a través del sexo. El hombre es la inevitabilidad de la muerte a través de la guerra." 
Después de esta excursión filosófico-literaria Farache vuelve a la biología:
"No es extraña la idea de que los sexos son esencialmente distintos. Tiene un sentido práctico. Lo más natural es que haya todavía una división de trabajo anterior al Estado: (...) el trabajo de sobrevivir se hizo entre dos, entre el hombre y la mujer. Lo más lógico entonces es que las labores diarias se dividiesen entre los dos. No tendría sentido que ambos hicieran todo. Lo sensato es que cada uno se ocupase de unas tareas determinadas, dedicase a ellas todo su tiempo, y aprendiese a hacerlas lo mejor posible. Las mujeres respondieron a su naturaleza y se dedicaron al hogar y a los hijos. Los hombres se encargaron de buscar el sustento y defenderlas. La naturaleza del hombre y la naturaleza de la mujer son complementarias porque vivimos en pareja."
Entre observaciones aprovechables hay otras de lo más banales, así que entresacamos alguna que otra cosa valiosa, como esta pulla a las superwomen, mamás o no:
"Existen “Supermamás” que trabajan y crían a sus hijos, que lo hacen todo a la vez. Se puede debatir si lo hacen “todo a la vez” o no hacen “nada a la vez”. (...) Las mujeres pueden fingir o adoptar roles masculinos, pero un hombre jamás podrá adoptar el rol por excelencia femenino, un hombre no posee la capacidad anatómica para ello."
Como ven, obviedades, pero observen la palabra clave: las mujeres pueden fingir que adoptan roles masculinos. Eso hacen en la mayoría de los casos. Nada más.

Todo lo anterior va destinado a preparar el asalto al feminismo:
"Para el feminismo la única diferencia entre un hombre y una mujer es anatómica y más específicamente genital. Para el feminista medio existe un prototipo de “ser humano” básico al que, agregándole tal o cual genital se convierte en un hombre o en una mujer. De resto somos exactamente iguales porque según el feminismo tenemos idénticas capacidades, inclinaciones, y gustos. No lo digo a la ligera, aunque dos o tres feministas consideren que la diferencia entre los sexos es relevante, son consideradas por el resto de las feministas como disidentes porque su opinión va en contra del establishment feminista (tanto académico como activista)."
Ese es el "feminismo de la igualdad", según Farache. Hay excepciones. Parece ser que hay una corriente de "feministas de la diferencia", que de ser hombres serían calificados de machistas, como  Camille Paglia, (...) "que considera que el hombre y la mujer son diferentes aunque complementarios y que el patriarcado no solo es el orden natural de la sociedad, sino que debemos protegerlo". Pero estas "feministas" son rechazadas y combatidas por las feministas "auténticas".

Pero ahora viene otra carga de profundidad:
"El feminismo intenta en la medida de lo posible evitar el debate de las diferencias naturales porque saben que su postura es difícil de defender, pero si deben abordarlo buscan por todos los medios desacreditar a priori la idea de que pueden existir diferencias esenciales entre los sexos. Es importante para el feminismo acabar con este debate porque pone de manifiesto lo artificial de su teoría y de sus objetivos." 
Pero las diferencias son tan evidentes que las "feministas de la igualdad", las feminazis, no pueden negarlas totalmente:
"El feminismo explica el divorcio entre la realidad y su teoría utilizando la cultura. El feminista admite que las diferencias existen, pero discrepa en el origen de las diferencias. Niega que sean innatas o naturales. Cualquier diferencia entre hombres y mujeres no es el resultado de una inclinación natural, sino que es aprendido y por tanto artificioso. Su postura es que es la sociedad quien enseña a nuestros hijos a jugar como cowboys y a nuestras niñas a jugar como princesas, desde que nace hasta que muere una persona está manipulada por la sociedad para que actúe de acuerdo con su sexo. Entender este punto es muy importante porque este es el tema principal del feminismo: las diferencias entre los sexos no son naturales, son aprendidas, son producto de la cultura que educa a la gente para cumplir con ciertos roles que son artificiales."
Es más, "eso explica la razón por la que las feministas defienden con vehemencia los derechos de los transexuales. Basta con declarar que “te sientes mujer” o “te sientes hombre” ante un notario para cambiar tu sexo legal, (...) porque en esto consiste el sexo para el feminista: en una elección interior." Pero no se queda ahí la cosa:
"El segundo tema del feminismo es la idea de que las diferencias son perjudiciales. No puede ser de otra manera porque de acuerdo con el feminismo estas diferencias entre los sexos hacen que uno de ellos esté subordinado al otro. (...) Un hombre es más fuerte que una mujer y más agresivo, (...) y a través de la historia esa diferencia de fuerza entre sexos ha modelado la cultura."
Hay un tercer componente del "pensamiento" feminazi:
"El tercer punto del feminismo actual es el siguiente: no sólo las diferencias son artificiales y negativas [los dos puntos anteriores], además la cultura predominante educa a las personas de manera sexuada con un objetivo específico: el de perpetuar el sistema de opresión del hombre hacia la mujer. Es decir, que estas diferencias culturales entre los sexos se producen con alevosía y premeditación." 
Por tanto,
"La lucha del feminismo trata, por lo tanto, de hacer despertar a la gente para poder vencer estos 3 paradigmas y fundar una nueva cultura que no haga distinción entre los sexos. A esta cultura en la que se educa a la gente de manera sexuada para prolongar un estado opresivo en contra de la mujer lo llaman Patriarcado. El Patriarcado es como Matrix: nos rodea, estamos inmersos en él, pero no somos capaces de verlo de la misma manera en la que un pez no es capaz de ver el agua. El Patriarcado no solamente es el sistema en el que el hombre es quien ostenta el poder y la mujer está subordinada a él. El Patriarcado es también la cultura en la que el Patriarcado se apoya y todos los mecanismos que se utilizan para promover y perpetuar ese equilibrio. Pero el Patriarcado no solamente es responsable de la opresión histórica de la mujer, es también el origen de otros males como las guerras, la esclavitud, y el imperialismo, porque al educar al hombre para ser agresivo y darle a él las llaves del reino, él dirigirá a la sociedad hacia objetivos violentos."
"Bajo este punto de vista es fácil entender la cruzada de las feministas en contra de la feminidad. La feminidad no es otra cosa que la expresión del Patriarcado. La mujer femenina es el producto de una educación patriarcal y encarna en sí misma la continuidad de la opresión. La existencia misma de la mujer femenina es una traición. Lo mismo ocurre con la masculinidad. Cualquier hombre que se identifique con los roles tradicionales masculinos es un opresor. Por eso la baja tolerancia del feminismo hacia la mujer femenina."
De la teoría a la acción. Todo lo anterior explica la paranoia y actitud agresiva de las "feministas de la igualdad", las feminazis:
"Y desde luego, el feminismo es la píldora roja. Ser feminista sería como pasar a formar parte de un grupo de rebeldes, de una resistencia que es capaz de percibir lo que nadie más percibe, y por tanto de luchar en su contra. De pronto, detalles sobre los que jamás había reparado en el pasado saltan a la vista del feminista como claros actos de sexismo. El nivel de detalle en la búsqueda de sexismo al que puede llegar un feminista varía, pero a estas alturas casi todos aceptan el término “micro-agresiones” como válido. La micro-agresión es la discriminación involuntaria y casual de otra persona por su condición. Estas micro-agresiones son más peligrosas que los casos de sexismo directo porque son más difíciles de identificar y son parte del aparato de opresión."
"De acuerdo con la teoría feminista los mecanismos de subyugación se agrupan en torno a dos ejes: disparidad (empleos, salarios, derechos) y violencia (violaciones y violencia doméstica). Es imprescindible para el movimiento hacer promoción de estas situaciones porque su lucha se basa en la indignación. Por esa razón el feminista medio es tan propenso a la queja, porque no es una queja vacía, es una queja intencionada que busca llamar la atención sobre la existencia de este Patriarcado que no vemos, pero que según el feminismo, nos rodea."
"Lo diré de forma clara: la mayoría de los datos que ofrecen las feministas como argumento son fabricaciones. En cuanto a la disparidad, si estás familiarizado con el discurso feminista conoces la cifra de 70 céntimos por dólar “por hacer el mismo trabajo que un hombre”. En realidad la cifra de 70 céntimos corresponde a la diferencia entre el promedio de los sueldos de todos los hombres que trabajan a tiempo completo, y el promedio de los sueldos de todas las mujeres que también trabajan a tiempo completo. La razón de la diferencia es simple: las mujeres y los hombres toman diferentes decisiones. Las mujeres suelen elegir carreras que pagan menos como educación, enfermería, psicología y las humanidades, mientras que los hombres eligen carreras como ingeniería, ciencias, medicina, o desempeñan trabajos de mayor riesgo que tienen una mayor retribución. De la misma manera, las mujeres suelen dejar su trabajo cuando quedan embarazadas a razón de un año o más por hijo. Los hombres no suelen hacerlo. Cuando se controlan todas las variables la diferencia de sueldos desaparece por completo. Estas son decisiones que la gente ha tomado libremente. Se puede cuestionar si las mujeres que eligen estudiar enfermería lo hacen porque han sido “socializadas” para ello o porque su cerebro tiene ciertas competencias distintas a las del hombre. Pero a menos que el feminismo esté preparado para forzar a las mujeres a elegir carreras determinadas, la diferencia de sueldos seguirá existiendo mientras existan individuos con inquietudes diferentes." 
"Sobre la violencia, los datos son igual de fiables en casi todas sus reivindicaciones. Según el feminismo 1 de cada 3 mujeres sufrirá algún tipo de agresión sexual en su vida y 1 de cada 5 sufrirá una violación. Pero según el feminismo casi cualquier cosa se puede considerar una violación o agresión sexual. Lo mismo ocurre con la violencia doméstica. La cifra de 38% sale de un estudio del Departamento de Justicia. Pero la cifra se refiere a las mujeres que visitan salas de emergencia cada año por heridas de violencia. De esas, aproximadamente el 38% fueron atacadas por familiares que viven con ellas. Si hablamos de todas las mujeres que visitan las emergencias de las clínicas la cifra [de atacadas por familiares] no alcanza el 1%. (...) Las fabricaciones son frecuentes, persistentes, y son repetidas una y otra vez a sabiendas de que son falsas. Así que no se trata de un error sino de una estrategia."
"El fin último del feminismo es derrotar el Patriarcado. Los objetivos inmediatos (como las cuotas de trabajadoras en las empresas) no son otra cosa que un estado intermedio. Al final la idea es eliminar el Patriarcado y su cultura: sus valores, sus esquemas, sus instituciones; y suplantarlo con un sistema diferente que esté regido por la mujer. Es decir, suplantar el Patriarcado por un Matriarcado, (...) y esto daría lugar a una sociedad pacífica e igualitaria."
La opinión de Farache sobre ese veneno es la misma que se defiende en este blog, pero resulta impactante oírselo (leérselo) decir a una mujer:
"[El feminismo] no es otra cosa que un peligroso experimento social. Si en la historia escrita hubiese casos notables de matriarcados prósperos los conoceríamos, pero aunque cada civilización que ha existido en la historia de la humanidad ha sido patriarcal, no conocemos todavía la primera cultura matriarcal fuera de la anécdota. En resumen: los hombres crearon esta civilización. Como diría Camille Paglia: si las mujeres estuviéramos a cargo del devenir de la sociedad seguiríamos viviendo en chozas." 
Ni más ni menos.

Pero las feminazis, claro está, tratan de tapar (torpemente) todos los huecos. De ahí que hayan construido una prehistoria en la que las sociedades primitivas eran matriarcados, idea poética con la que ironizábamos aquí:
"De acuerdo con estas teorías de la historia, el Patriarcado no es el resultado de una inclinación natural humana, sino que ha sido construido por medio de la cultura porque los pueblos más antiguos de la humanidad, los de cazadores y recolectores, eran matriarcados. La conclusión aparente es que si el Patriarcado ha sido construido históricamente, también puede ser destruido históricamente."
Pero claro,
"Ninguna cultura ha conseguido subyugar u oprimir a una minoría sistemáticamente por tiempo prolongado. Si bien los ejemplos de opresión son múltiples, y atraviesan casi todas las culturas y las regiones, ninguno ha sido duradero. La gente se levanta, los regímenes caen, lo hemos visto a lo largo de toda la historia. (...) Sin embargo, según el feminismo, a la mujer, que no es una minoría sino que representa la mitad de la humanidad, se le ha tenido en estado de opresión durante toda la historia conocida, es decir, durante más de cinco mil años. Es cuando menos, una idea exótica." 
"Es posible probar la asimetría que existió a lo largo de siglos en el acceso al poder político entre hombres y mujeres, pero es mucho más complicado probar que las mujeres se encontraban oprimidas por ello. El argumento más manido quizás sea el que acusa a nuestra civilización de relegar a la mujer a las tareas domésticas, apartarla por fuerza de la vida pública y colectiva, prohibirle trabajar, el acceso a la educación, o ejercer labores intelectuales, y en cambio forzarla a tener hijos o a casarse por fuerza. Pero basta con leer las biografías de las madres del feminismo (como Mary Wollstonecraft) para darse cuenta de que estas ideas tienen poco fundamento (...) En Occidente, y dentro de ciertos parámetros, la mujer ha gozado de libertad para trazar su destino. El ser ama de casa, madre, o mujer de un hombre no ha sido impuesto sobre ella a la fuerza. Al menos no desde el Estado (como ocurre en los países islámicos). Ha sido siempre una elección privada."
Tiene gracia, porque a cuidar de los hijos y de la casa no se contrapone ir al Parlamento. Las mujeres que se dedicaban a las tareas del hogar tenían maridos que trabajaban como animales, para sustentar el hogar. Los hombres que iban a holgazanear al club tenían mujeres que no fregaban un plato ni llevaban a los nenes al cole.

El feminismo es por tanto una ideología, especialmente virulenta:
"Uno de los puntos más interesantes del conservadurismo es que descubrió una rotunda verdad: todas las ideologías son falsas. Una ideología es un sistema de ideas cerrado que pretende explicar la totalidad de la realidad de una manera sencilla. La ideología sostiene que su sistema de creencias es verdadero en cualquier circunstancia. Evidentemente, la realidad termina por contradecir el sistema. Las ideologías son incapaces de adaptarse porque no permiten ajustes. El creyente se encuentra en una encrucijada: si elige la realidad tiene que desechar su ideología. Así que muchas veces prefiere suprimir la realidad. La guerra de la ideología en contra de la realidad es total. Utiliza todo su poder, todas las armas que tenga a su alcance, para suprimir la realidad. Por lo general se traduce en culturas de lo “Políticamente Correcto” es decir, la ideología [determina qué] cosas son “correctas” o no, cosas que se pueden o no expresar dependiendo de si es conveniente para el sistema ideológico. Busca alterar el comportamiento de la gente: lo que dicen, lo que hacen, e incluso lo que piensan. Para eso es necesario alterar el lenguaje, porque quién contra el lenguaje controla el pensamiento. El lenguaje se utiliza como arma en contra de la realidad."
¿Cuál es el origen de la ideología feminista?
"El feminismo forma parte de un racimo de creencias que están inscritas dentro del marco del universalismo que si bien ha existido de una forma o de otra desde que existe el cristianismo, ha sido la “religión” predominante del pensamiento occidental desde hace al menos un par de siglos. Su principal creencia irracional es: “todos somos iguales”. Las creencias son importantes únicamente cuando se traducen en acciones. Las creencias irracionales no solo son de tipo religioso. Existen creencias irracionales en lo secular (“todos somos iguales”) que muchas veces desembocan en acciones. Dado que tenemos que compartir el mundo con un gran número de fanáticos, conviene entender que lo único que diferencia a una creencia religiosa de una secular es su origen. La religiosa tiene un origen paranormal, y la secular no. Pero aunque el origen sea diferente, eso no transforma sustancialmente la creencia."
"A lo que voy con esto es que contra el primer escenario tenemos una defensa: la secularización del Estado. Desde hace un par de siglos todas las democracias occidentales tienen como una de sus bases la separación entre el gobierno y la religión. (...) Sin embargo la cláusula de la secularización no es suficiente porque sólo abarca las religiones (creencias irracionales de origen paranormal). Las creencias irracionales de origen secular todavía pueden ser utilizadas para legislar, como ocurrió por ejemplo en la Alemania Nazi. No estamos protegidos contra las creencias irracionales de origen secular porque la diferencia que hacemos entre las creencias religiosas y las que no lo son es dramática [superflua] y nos dificulta entender lo parecidas que son."
A partir de aquí Farache identifica al marxismo como matriz del feminismo, la ideología-madre donde este nace. El marxismo pretende reconfigurar la sociedad y la economía de forma radical, e identifica a la familia como uno de los fundamentos de la sociedad que pretende destruir. El feminismo es su instrumento, o uno de ellos, especializado para ese fin.

El marxismo utiliza la universidad como "mecanismo propagador" de sus creencias irracionales, y la ha invadido e infectado por completo (eso dice Farache). Ese es el motivo por el cual la universidad ha sido fácil de colonizar por las feministas. También explica el íntimo matrimonio entre el feminismo radical y los partidos políticos de izquierda, trabazón más fuerte cuanto más disparatado es el partido, aunque esto lo digo yo. Pero da un paso más allá:
"En realidad las raíces del feminismo son las mismas que las del socialismo marxista y se encuentran en la Revolución Francesa. Todas las autoras del feminismo primigenio eran jacobinas, admiraban la Revolución Francesa, y adoraban a Rousseau (...). Se podría decir que tanto el feminismo como el marxismo parten del mismo germen que es la creencia en el buen salvaje de Rousseau. Aquella idea de que el hombre es bueno hasta que la sociedad lo corrompe. Por esta razón ambos movimientos son primitivistas: idealizan lo salvaje y desean regresar a ese estado. (...) Estas ideas son incompatibles con la civilización a la que pertenecemos, y en realidad con cualquier otra civilización."
La relación pegajosa de las izquierdas con "la cultura" viene de aquí, según Farache:
"Antonio Gramsci, un teórico comunista italiano, fue el primero en señalar que el poder en una sociedad no lo tiene quien controla el dinero, lo tiene quién controla la cultura. De acuerdo con Gramsci el fracaso de las revoluciones tuvo una causa clara: Europa no estaba preparada para ellas culturalmente. Para ello había que modificar la cultura desde las instituciones: el gobierno y sobre todo el sistema educativo y los medios de comunicación. Si los comunistas lograban controlar las instituciones culturales, lo demás caería por su propio peso. (...) El marxismo cultural debía hacerse desde una rebelión lingüística que revirtiera los significados de las palabras. De estas ideas surgieron las corrientes filosóficas que están en el corazón de lo que se imparte en las universidades a día de hoy: el estructuralismo y el deconstruccionismo."
Por ahí hay que atacar, por ahí se hace la Revolución. Se trata de pasar de la "lucha violenta de clases, a una lucha cultural". Ese es el camino: una "revolución cultural" a través del lenguaje (entre otras cosas). El feminismo no es más que una rama del marxismo cultural, dice Farache. Un brazo especializado dentro de una amplia estrategia subversiva.

A la terminología feminista, el nosotros y nosotras, ellos y ellas, y cosas parecidas, Farache lo llama femspeak, un "lenguaje ideológico" cuyo...
"... propósito es trazar límites claros dentro del idioma entre aquello que se puede expresar y aquello que no. Dentro de su ideología, femspeak no es un dialecto, es el lenguaje correcto. Es una corrección que se ha hecho a nuestro idioma que es “sexista”; ellos lo están arreglando. Es nuestro idioma y no el suyo el que tiene una finalidad política que es la de oprimir a la mujer y perpetuar el dominio del hombre sobre la humanidad. (...) Para el que tiene un poco de perspicacia es evidente que el problema del lenguaje feminista es político. Es la legitimación de una ofensiva que forma parte de una estrategia política más amplia. Dentro de esta estrategia cada vez que el pronombre masculino ha de ser purgado de los textos, cada vez que se ha de insertar la palabra “persona” como sufijo genérico, cada una de estas actividades constituye una victoria simbólica dentro de una lucha mayor."
"Si el feminismo no fuese prevalente nadie se tomaría sus quejas en serio, no pasarían de ser una fantasía inofensiva. Pero a medida que ganan espacios su censura se impone sobre libros de texto, manuales del gobierno, e incluso las leyes. Se planifican boycotts en contra de aquellos que utilizan el supuesto lenguaje sexista en los medios públicos. Y desde luego se abren puertas y espacios para las líderes feministas que imparten cursos en sintaxis no sexista y escriben los lineamientos que los editores deben seguir. Las feministas revisan las bibliotecas de los colegios, escrutinizan los programas de televisión con atención inquisidora, acosan a quienes no se plegan a sus ideas en las aulas y en los mítines políticos, reclutan a editores de texto y de periódicos y los ponen al servicio del “lenguaje correcto”. Los más ambiciosos invaden los jardines de infancia con una lista de tabúes idiomáticos que se ha de imponer a los niños, y reescriben los clásicos con su dialecto."
No está mal. Una aterradora confesión, en toda regla. Un "repaso" al feminismo impagable. Farache no decepciona.


Los hombres tienen cerebros más grandes, y mayor inteligencia

Lo del título ya lo sabíamos, por el artículo de Helmuth Nyborg que comentamos aquí , y por el que fue perseguido con saña. Pero o...

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