sábado, 1 de julio de 2017

El Museo Whitney de Nueva York y el "arte" femenino, al descubierto

El nuevo Whitney de Renzo Piano.

El Museo Whitney de Nueva York ha inaugurado un nuevo edificio de Renzo Piano en el Meatpacking District de Nueva York, tras vender el edificio de Marcel Breuer, situado en Madison Avenue, al MET. Esta cosa de Renzo Piano es absurdamente retorcida y complicada, además de fea, pero por lo menos es un edificio más grande y luminoso que el más hermoso -en su estilo-, pero cavernoso, de Breuer. Y además, en un sitio de moda y rodeado de galerías de arte (aunque empiezan a huir de los altos alquileres de la zona). Qué más se puede pedir.

Kerstin Brätsch y Debo Eilers. Ahí queda eso.


El Museo Whitney contiene una excelente colección de pintura de Edward Hopper, y esta, además de la visita al edificio, es la única razón que se me ocurre para ir más de una vez. El resto de su colección permanente es en su mayor parte material de derribo, o así lo recordaba yo de los tiempos en el edificio Breuer. La sensación era de falta de originalidad, belleza, sentido, intención o la más mínima traza de talento. Un amontonamiento sin criterio de ocurrencias, con alguna excepción.

Con marco estaría peor. De una tal Shara Hughes.

En la nueva sede, mucho más grande como hemos dicho, todo ha ido a peor, por dos motivos. Primero, porque cabe más "arte", seleccionado con el mismo criterio de siempre, y colgado o desparramado por las grandes salas de paredes blancas sin contención ni mesura, elevando el nivel de la farsa a lo grotesco por pura acumulación.

Pero además, porque los responsables del museo ni siquiera han percibido la contradicción entre el objetivo de ofrecer un museo de arte de vanguardia y su sometimiento a la dictadura de lo políticamente correcto. En él, todo el arte es pretendidamente contestatario, crítico, subversivo... y progre, muy femenino y feminista. ¿Cómo se puede ser una cosa y la otra, un verdadero artista y una pedorra y hortera de campeonato? Pues los señores del Whitney no lo ven. Es más, parece ser que creen que una cosa implica la otra, de manera biunívoca, o eso pretenden vender. Porque de eso se trata al final: propaganda, y no precisamente barata.

Nueva York ha pasado de ser un centro de creación, o al menos de difusión, a la capital de la caspa. Mal gusto, mucho dinero y corrección política a mansalva. ¿Dónde han quedado las elites con gusto y comprometidas con la cultura y el arte, y algunas con las verdaderas vanguardias? ¿Dónde está el ojo crítico del coleccionista o comisario? Quedan los viejos museos de los antiguos mecenas, y el contraste de estos con el Whitney o el New Museum es bochornoso. Es verdad que queda poco del arte rompedor y vivo de décadas atrás, pero ¿no será porque incentivan la producción de basura que se acomoda a los febles criterios políticos de estos grandes centros propagandísticos? ¿Esperan quizás que la "producción" artística actual, bien dirigida, cobre valor dentro de unos años, de tanto exhibirlo en rutilantes cajas de bombones, como esta de Piano? ¿Creen estar incubando una futura Picassa? Pues van listos.

¡Cómo podía faltar! El coño, de Kaari Upson.

El arte debe ser siempre un estímulo sensitivo, en primera instancia, e intelectual después. No tiene nada que ver con los sentimientos, como insisten en defender los retrasados mentales, y sobre todo las retrasadas mentales. Darle un pincel a un niño, a un mono o a una mujer viene a ser casi lo mismo: una pérdida de lienzo y pintura. Pues bien, el Whitney es tan progre, es tan vanguardista, es tan transgresor, es tan tan, que ha decidido llenar sus salas con obras de mujeres en su reciente Biennal. Por todas partes. Hasta arriba. Los hombres artistas han pasado a ser la excepción, una rareza. Lo cool ahora es feminizar el arte.

El resultado queda a la vista. La dichosa Biennal del Whitney es una exhibición de mal gusto, incapacidad intelectual, falta de talento e histeria (gritar-llorar) sin precedentes, que yo recuerde. Todo es político, infantilmente político. Elemental, unidimensional, simple, repetitivo, machacón, carente de originalidad, pueril. Ocurrencias de preescolar. Pintura, vídeos, instalaciones, colgajos. No se salva casi nada. Hay más arte en las paredes de muchas calles que en todo este carísimo certamen.

No solo nos quieren hacer tragar esta porquería femenina por el hecho de ser femenina, sino que ya andan elaborando listas de obras de arte -estás sí- políticamente incorrectas, por machistas. Se trata de una sustitución en toda regla. Pretenden reescribir la historia. Esta vez, la historia del arte. Las féminas y sus lacayos no solo no generan civilización sino que la destruyen.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

No es la cultura, ¡son los genes!

En resumen, un reciente estudio  del profesor Shmuel Pietrokovski y el doctor Moran Gershoni del Weizmann Institute’s Molecular Genetic...

Entradas populares