martes, 1 de agosto de 2017

¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!



¿Sí? Pues bien, se acabó. Ya estamos cerca, muy cerca, de poder gestar artificialmente. Tampoco tardaremos demasiado en preparar óvulos artificiales (o esperma, claro). Por fin nos libraremos del chantaje de la maternidad, entre otras cosas.

Para poder poner en marcha la historia, la humanidad, tuvimos que someterlas. Pero eso no nos libró de cargar con ellas. Han sido una piedra al cuello en esta larga travesía. Pero las trompetas que anuncian el fin del mundo para ellas empiezan a sonar. Por fin.

Las féminas quedarán definitivamente desahuciadas, sumergidas para siempre en sus brutales ciclos hormonales. Ya no dependeremos de ellas, no podrán parasitarnos más. Podremos incluso criarlas en granjas, como a corderos, para que cumplan la función propia de los animales de compañía, y poco más. O quizás se masculinicen, transformándose en una versión torpe y débil nosotros. Qué más da. Tal y como las conocemos, desaparecerán.

Esto es lo que siempre han temido. Que "eso" tan artificial, tan antinatural, tan ajeno a ellas, la tecnología, ese monstruo que no comprenden ni controlan, un día las devore. Es un miedo informe, difuso, indefinido. Pero poco a poco va tomando forma. No son los robots, la inteligencia artificial ni las bombas nucleares, no. Es esto. Acabará ocurriendo y ya estamos a las puertas. No podrán impedirlo.


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